Trabajo desde casa: de la emergencia a la optimización

IMAGE: Pinterastudio - Pixabay (CC0)

El período de confinamiento derivado de la pandemia de COVID-19 ha supuesto para muchos trabajadores y compañías un experimento radical, del que indudablemente extraerán muchas conclusiones de cara al futuro, y que podría tener importantísimas consecuencias en ámbitos que van desde el laboral hasta el medioambiental.

¿Qué deberían plantearse esas compañías y esos trabajadores de cara al futuro post-pandemia? Lo fundamental, sin duda, es tener en consideración que la situación actual proviene, salvo en los casos de personas que ya mantenían hábitos de trabajo desde casa de manera habitual, de una situación de emergencia, de una profunda excepcionalidad.

Este condicionante de excepcionalidad afecta tanto en los casos en los que el resultado ha sido positivo como negativo: durante el período de confinamiento, sobre todo al principio, hemos podido leer experiencias de personas que afirmaban que trabajar desde su casa llevaba a la desaparición de las barreras entre lo personal y lo profesional, que las constantes reuniones en vídeo resultaban agotadoras, o que algunas de las herramientas utilizadas generaban problemas de privacidad. Sin embargo, a medida que se alcanza más experiencia, empezamos a ver personas cada vez más satisfechas con la experiencia, que no quieren volver a la oficina, o incluso encuestas que afirman que la mitad de los norteamericanos preferirían seguir trabajando desde su casa el resto de su vida.

¿Podría la pandemia dar lugar a un cambio permanente en los hábitos de trabajo de un número significativo de compañías y trabajadores, y a la consolidación efectiva del trabajo desde casa? Las grandes compañías de internet tienen claro que la situación puede ser así: no solo fueron de los primeros en pedir a sus trabajadores que se quedasen en sus casas, sino que ahora afirman que seguirán en régimen de teletrabajo muy probablemente durante todo lo que queda del año 2020, lo que puede interpretarse como algo que va más allá de una búsqueda de la seguridad, y que constituye prácticamente prueba de que la experiencia está siendo sumamente positiva.

Lógicamente, la situación no es la misma en las grandes empresas de internet, que cuentan generalmente con entornos adecuados y con trabajadores para los que la idea de trabajar desde casa no supone ningún tipo de reto tecnológico, que para otro tipo de compañías. En esos casos, el desafío supone, en primer lugar, plantearse que lo óptimo no es necesariamente volver a la situación anterior, sino aprovechar la experiencia para mejorar factores como la productividad, las condiciones de trabajo o la satisfacción de trabajadores y compañía.

Cuando se asume una situación derivada de unas condiciones de excepcionalidad, tendemos a pensar que lo ideal es, una vez que esas condiciones finalicen, volver a lo que considerábamos «normalidad». El problema, en primer lugar, es que resulta perfectamente posible que esas condiciones de plena normalidad no se alcancen en mucho tiempo, y en segundo, que la experiencia alcanzada por los trabajadores puede llevar que, como comentaba anteriormente, vean la vuelta a la normalidad como algún tipo de castigo. El ministro de trabajo alemán, Hubertus Heil, lo tiene claro: durante el período de confinamiento, la proporción de la fuerza laboral que trabajaba desde casa aumentó del 12% al 25% y superó los 8 millones de personas, y le ha llevado a afirmar que

… todos los que quieran y cuyo trabajo lo permita deberían poder trabajar desde su casa, incluso cuando termine la pandemia. Gracias a la pandemia, estamos aprendiendo cuánto trabajo se puede hacer desde casa hoy en día».

La propuesta alemana busca consolidar en el marco jurídico el derecho del trabajador a trabajar desde su casa de forma total o parcial, y supone una interesante manera de aprender de una situación excepcional. Para las compañías que carecían de experiencia en teletrabajo, el reto ahora está en redefinir con una mente abierta y a la luz de la reciente experiencia qué tipo de trabajos permiten ser realizados desde casa, y pasar adecuadamente de la excepcionalidad a la regularidad.

Regularizar hábitos que hemos adquirido durante una emergencia implica muchas cosas. Por el lado del trabajador, supone entender que el futuro no conllevará simplemente «sentarse a trabajar en donde se puede», sino rediseñar el hogar para destinar una zona al trabajo, o no asumir, por ejemplo, que los niños van a estar en casa siempre. Para las compañías, implica crear metodologías adecuadas, decidirse por la adopción de determinadas herramientas tecnológicas – no necesariamente la elección que se hizo bajo presión al inicio del confinamiento prueba ser la mejor opción, – poner en marcha actividades de formación para mejorar la adaptación de los trabajadores, o incluso plantearse cubrir parte de los costes implicados, desde la conectividad hasta la infraestructura necesaria, que puede ir más allá de simplemente un ordenador portátil.

Una vez que la emergencia termine, trabajar desde casa puede convertirse en una alternativa sumamente interesante, sobre todo si nos planteamos hacerlo con seriedad y en las condiciones adecuadas. Rediseñar el lugar donde trabajamos, plantearnos con más flexibilidad nuestra jornada laboral, pagar por más ancho de banda cuando sea posible sin tener dudas sobre su justificación, adoptar tecnología que nos permita estar realmente cómodos cuando trabajamos o negociar modelos flexibles que no supongan renuncias, sino mejoras con respecto a las condiciones que teníamos antes son parte de los atractivos.

Si añadimos una mayor eficiencia al no incurrir en un tiempo de desplazamiento habitualmente improductivo, o las ventajas medioambientales derivadas de la reducción de las horas punta en el tráfico y de la contaminación, hablamos ya no solo de un potencial interés de los trabajadores, sino de motivaciones que podrían perfectamente incluirse como parte de los objetivos de responsabilidad social corporativa de la compañía, o como parte de programas que los gobiernos podrían estar dispuestos a incentivar.

Lo importante, como siempre en innovación, es adoptar la mentalidad adecuada y madura, librarse de los clichés del micromanagement, partir de un análisis que de verdad tenga en cuenta el aprendizaje de estas últimas semanas, y plantear el establecimiento de relaciones de confianza mutua. A partir de ahí, tanto empresas, como trabajadores o incluso la sociedad tienen mucho que ganar.



Enrique Dans
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