Tesla: la siguiente fase

IMAGE: TSLA on Aug. 24, 2020

Con la acción de Tesla superando los dos mil dólares, a todos los que afirmaban, hace tan solo medio año, que la compañía estaba sobrevalorada por superar los $420 ya se les habrá quedado cara de tontos y los ojos irritados de tanto frotárselos. Si además se dedicaban a apostar con compras apalancadas contra la compañía, ya solo les queda comprarse unos pantalones cortos rojos, un sombrero con orejas de burro, y sentarse de cara a la pared, porque en pocas ocasiones se ha podido hacer tanto el ridículo en bolsa.

La subida el bolsa, además de provenir de los méritos de la propia Tesla, refleja el cada vez mayor interés del mercado en los vehículos eléctricos, hasta el punto de que compañías como GM se planteen hacer spin off de sus iniciativas en ese sentido. Ahora, con las arcas llenas, Tesla se dispone a entrar en su siguiente fase. ¿En qué consiste? A lo largo de los últimos años, Tesla ya ha probado ser capaz de llevar a cabo su primera misión: diseñar vehículos eléctricos atractivos, fabricarlos a gran escala, ganar dinero con ello, y en consecuencia, revolucionar el mercado de la automoción y forzar a otras marcas a cambiar su estrategia y lanzarse a la producción del vehículo eléctrico. Un cambio que la industria pretendía dilatar lo más posible, y que Tesla ha conseguido precipitar convirtiendo los vehículos eléctricos ya no en una alternativa más consciente, madura y con más sentido económico, sino además, más atractiva en todos los sentidos.

El problema, lógicamente, es que ese despertar de la industria al vehículo eléctrico ha venido acompañado de una evidencia: todas ellas están, como mínimo, entre cinco y diez años por detrás de Tesla. Ahora, la alternativa es clara: o bien dedicar cuantiosos recursos para tratar de recorrer en muy poco tiempo el camino que Tesla lleva trabajando muchos años, o sencillamente, plantearse licenciar su tecnología, una posibilidad que Elon Musk está perfectamente dispuesto a asumir dado que la misión de su compañía, como escribí hace ya algunos años, nunca fue la de fabricar vehículos, sino la de acelerar la transición a las energías renovables.

¿Qué impacto tendría en el mercado el anuncio de que una o varias marcas de automoción, expertas en la fabricación a gran escala pero ancladas en una tecnología obsoleta llamada motor de explosión, empezasen a licenciar la tecnología de Tesla? Por un lado, esas marcas pasarían a centrarse en lo que saben hacer, fabricar y vender automóviles. Por otro, Tesla recibiría cuantiosos ingresos y podría seguir avanzando en tecnología, como buena empresa tecnológica que, circunstancialmente, fabrica coches. Y como tercera derivada pero no menos importante, el mundo se beneficiaría de una reducción en emisiones y de un planteamiento mucho más sostenible.

Anticipar ese movimiento implica conseguir que la compañía tenga una capitalización lo más sólida posible. De ahí el anunciado stock split, que multiplicaría por cinco las acciones en circulación y posibilitaría la entrada de más inversores a precios más bajos, y la más que posible entrada en el índice S&P 500, que haría que muchísimos inversores que invierten pasivamente en fondos indexados se convirtiesen en accionistas de la compañía. Incluir a Tesla en el S&P 500 es un movimiento puramente lógico: no solo cumple los requisitos para ello, sino que sería la compañía más grande añadida al índice en su historia, y sobre todo, resulta muy representativa de lo que será la economía en el futuro.

Con otras marcas de automoción tratando desesperadamente de llenar el espacio que deja Tesla en ese mercado, la transición al vehículo eléctrico empieza a ser un fenómeno que interesa a todos. Pronto, su precio será similar o inferior que el de los dañinos vehículos con motor de combustión interna, y eso a la espera de innovaciones ya anunciadas, como la batería que dura un millón de kilómetros y llega incluso a poder superar la vida del vehículo que la lleva. En ese escenario, se calcula que un país como los Estados Unidos podría ahorrar unos setenta mil millones de dólares – sin incluir los beneficios para la salud de sus habitantes – si un 75% de su parque móvil se electrificase.

Pero lo verdaderamente importante de Tesla no son. por mucho que algunos se empeñen en creer, sus vehículos eléctricos. Lo realmente importante, aparte del hecho de haber elegido apalancarse en tecnologías con unas fuertes economías de escala, es la posibilidad de convertirse en un protagonista de la revolución energética. La verdadera revolución empieza no cuando muchos usuarios deciden adquirir un vehículo eléctrico en lugar de uno de combustión interna, sino además, cuando empiezan a recargar ese vehículo eléctrico con la energía que genera el sol en los tejados de sus casas. Cuando el mercado empiece a comprobar el efecto de ofrecer alternativas de generación de energía a nivel doméstico a precios razonables y a almacenar el excedente en baterías, la subida actual de las acciones de Tesla pasará a reflejar lo que la compañía realmente es: no una empresa de automoción, sino algo mucho, mucho más ambicioso.

La siguiente fase de Tesla no es la de vender coches, sino la de licenciar tecnología y vender soluciones energéticas a todos los niveles, tanto doméstico como industrial. Cuando el mercado entienda de verdad lo que es Tesla y las consecuencias de su éxito, volvemos a hablar.



Enrique Dans
Enlace: Tesla: la siguiente fase

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