Tecnología, consumo y sustitución

IMAGE: Statista (CC BY SA)

Un artículo en Wired, «How the iPhone helped save the planet«, hace referencia a un tema que me interesa desde ha e mucho tiempo: la posibilidad de que el desarrollo tecnológico genere, en lugar del intuitivo hiperconsumismo que todos parecemos apreciar, un ahorro neto para la sociedad en términos de recursos empleados en la fabricación de los productos a los que sustituyen.

Llevo varios años utilizando gráficos de Statista como el de la ilustración (o este otro) en los que se visualiza el fenómeno de la sustitución que todos llevamos tiempo comprobando: donde antes adquiríamos una cámara digital, una de vídeo, un GPS y un reproductor MP3, ahora todas esas funciones – y muchas más – están incluidas en la funcionalidad básica de nuestros smartphones o en forma de alguna app. Independientemente de que sigan existiendo pequeños segmentos de consumo que siguen prefiriendo, para determinados usos, los dispositivos dedicados equivalentes, lo cierto es que la demanda de esos productos no solo ha caído de manera enormemente significativa, sino que además, supone simplemente algunas de las categorías que han sido sustituidas.

Si revisásemos, como ha hecho Steve Cichon, algunos de los clásicos anuncios de electrónica de consumo de los años ’90 en los periódicos y revistas, podríamos ver esa sustitución en su total magnitud: en su experiencia, trece de los quince aparatos anunciados eran cosas cuya función ha sido a día de hoy sustituida por el smartphone, lo que conlleva que ese aparato, con un coste que todos conocemos, sustituye a varios miles de dólares (unos $3,000 en su ejemplo, que actualizados con la inflación corresponderían a aproximadamente unos $5,000), y a varios kilos de plásticos, cristal, metales y componentes electrónicos. En microelectrónica ocurre exactamente lo mismo: muchas de las funciones que antes requerían transistores o componentes de diversos tipos, hoy han sido absorbidas por microprocesadores o componentes mucho más ligeros y con un consumo menor. El consumo eléctrico nos proporciona otra variable contraintuitiva: a pesar de que ahora dependemos mucho más de aparatos eléctricos, las cifras de consumo en los Estados Unidos han permanecido esencialmente planas desde hace más de una década, lo que refleja una eficiencia cada vez superior en ese consumo.

Obviamente, no todas las cifras son extrapolables: países en los que, por ejemplo, se ha disparado la adopción de aparatos de aire acondicionado, se comportan de otra manera. Pero una vez alcanzado un cierto equilibrio, la tecnología parece estar jugando un papel de generación de mayor eficiencia, de sustitución, y en muchos sentidos, de estabilización.

La tecnología solo va a ser una pieza del puzzle que permita que, en un futuro, alcancemos un futuro sostenible, y ni siquiera será la más importante. El verdadero cambio está en las personas, en nuestros hábitos y en nuestros planteamientos y hábitos vitales, no solo de consumo, sino de muchas otras cosas. Pero pensar en la tecnología como una fuerza que, a través de procesos de sustitución, pueda jugar un papel importante en ese sentido puede ser algo relativamente contraintuitivo, pero sin duda, interesante en su consideración.



Enrique Dans
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