Subvencionar la contaminación

IMAGE: Pxfuel (CC0)

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «A Sánchez le gusta la gasolina» (pdf), y habla del enorme error que supone, en el Real Decreto 569/2020 de 16 de junio por el que se regula la segunda edición del Programa de Incentivos a la Movilidad Eficiente y Sostenible (MOVES II), mantener las subvenciones a la adquisición de vehículos de gasoil y gasolina.

En pleno siglo XXI y sabiendo lo que sabemos, pagar bonificaciones con dinero público a quienes adquieren un vehículo con un tubo de escape es una absoluta irresponsabilidad. Hacerlo además cuando salimos de una pandemia que nos ha demostrado cómo de nocivos son los combustibles fósiles y lo bien que podríamos estar sin ellos, es un contrasentido. Mientras en Europa cada vez más ciudadanos se muestran a favor de mantener sus ciudades libres de vehículos y de contaminación, en España destinamos dinero público a favorecer que los ciudadanos los adquieran. En lugar de presionar a la industria para que produzca más vehículo eléctricos y más competitivos, preferimos convertirnos en el país vertedero, al que seguirán llegando los vehículos que ya no quieran en otros países.

Las ventajas de renovar el parque de vehículos de combustión interna son simplemente marginales. Subvencionar su adquisición supone perpetuar mitos absurdos como el del mayor precio de los eléctricos (que se compensa cuando introduces en la ecuación tanto el diferencial de precio entre la electricidad y la gasolina como su menor mantenimiento), la supuesta falta de autonomía (que es suficiente para el 90% de las necesidades de los usuarios) o la ausencia de estaciones de recarga (que no influyen tanto como parece y que puede solucionarse rápidamente con un decreto para las gasolineras como el alemán).

Los vehículos eléctricos son más limpios independientemente de la energía con la que sean recargados o de la energía invertida en su fabricación. En países civilizados como Noruega, ya superan en ventas a los de combustión interna a pesar de la teórica desventaja que supone el clima frío para el rendimiento de las baterías. En el Reino Unido tienen tan clara la importancia de esta transición, que se plantean ofrecer seis mil libras a todo aquel que entregue un vehículo de combustión interna y adquiera uno eléctrico, además de otorgarles importantes ventajas en aparcamiento o acceso a zonas restringidas.

Claramente, algo me he perdido. Si el acrónimo MOVES responde, supuestamente, a MOVilidad Eficiente y Sostenible… ¿qué diablos hay de eficiente y de sostenible en un vehículo de gasoil o gasolina? ¿En qué maldita neolengua habla este gobierno para pretender hacernos creer que la sostenibilidad le importa? El vehículo de combustión interna es el zombi de nuestros tiempos. En todas partes, menos en España, en donde damos dinero a quienes los adquieran, los tranquilizamos diciéndoles que hasta 2040 aún se podrán vender – y circular, por supuesto, todo el tiempo que quieran, porque total, lo que emitan por sus tubos de escape no es un problema.

Hasta aquí han llegado los supuestos buenos propósitos del gobierno en términos de sostenibilidad. Podemos ya clasificarlos, lisa y llanamente, como propaganda electoral vacía, como relleno de programa para captar algunos votos de ingenuos y crédulos. Qué estúpido, qué cortoplacista y qué triste todo.



Enrique Dans
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