Replantea tu espacio de oficinas

IMAGE: Av. of the Americas in NYC - E. Dans (CC BY)

Las consecuencias de la pandemia y del hecho de haber puesto en marcha el mayor experimento de trabajo desde casa en la historia de la humanidad parece que podrían empezar a notarse en el mercado inmobiliario, y fundamentalmente, en el espacio de oficinas, hasta el punto que algunos predicen un auténtico apocalipsis, sobre todo en los centros de algunas ciudades como Nueva York.

Desde el inicio de la pandemia, Google ha dado marcha atrás a contratos inmobiliarios que habrían supuesto unos 185,000 metros cuadrados de espacio de oficinas. Otras compañías, tras poner a prueba la experiencia del trabajo desde casa, se han desprendido ya del 50% de sus oficinas, mientras otras piden a sus trabajadores que no acudan a sus instalaciones hasta el año que viene, o que si no quieren, ni eso. Todo indica que en el futuro cercano, muchas oficinas podrían quedarse vacías, y eso incluso considerando que hablamos de un mercado con una considerable inercia: son muchas las compañías que poseen contratos de alquiler de muy larga duración.

Por el lado de los trabajadores, encuestas recientes afirman que dos tercios de los norteamericanos podrían tener la posibilidad de trabajar desde casa, que en la franjas de edad más avanzadas en torno al 75% quieren pasar a trabajar desde casa de manera permanente, y que en general, la mitad quieren seguir haciéndolo cuando la pandemia haya concluido. Muchos de los que han experimentado la posibilidad durante varias semanas han ido encontrándose a gusto con la idea de una mayor autonomía, de controlar mejor sus jornadas de trabajo, de organizar su espacio en casa para trabajar con mayor comodidad o de sustituir interminables reuniones por ver a sus compañeros a través de una pantalla. Obviamente, algunos llevan el proceso de adaptación mejor que otros, otros tienden a sentirse solos, pero todo indica que el resultado del tiempo de confinamiento va a ser un replanteamiento de las oficinas tal y como las conocemos.

Desde la óptica de la gestión de las ciudades, la posibilidad de que más personas trabajen desde su casa de manera habitual representa la posibilidad de reducir atascos, horas punta, contaminación y, en general, algunos de los elementos más importantes de la fricción de la vida urbana. Ciudades como Seattle, que durante la pandemia prohibió la circulación en más de treinta kilómetros de calles, han tomado la decisión de hacer esos cambios permanentes, como forma de desincentivar que sus ciudadanos vuelvan a utilizar sus automóviles regularmente a medida que la ciudad se reabre.

La idea más importante en torno al futuro que nos espera es entender que, contrariamente a lo que fueron los inicios del teletrabajo hace algunas décadas, ahora no se trata de enviar a tus trabajadores a casa sin más. Aquel planteamiento, que fue en su momento muy criticado por supuestamente generar desvinculación y llevó a algunas compañías a cancelar sus programas de teletrabajo, está siendo cada vez más sustituido por planteamientos flexibles que ofrecen a los trabajadores llevar a cabo su tarea desde su casa de manera habitual, pero que no pierden la posibilidad de acercarse a la oficina de manera ocasional para determinadas actividades. Pretender seguir relacionando trabajo en casa con desvinculación resulta ahora completamente anacrónico: con las herramientas de coordinación disponibles actualmente, muchos trabajadores han visto más a sus jefes durante las semanas de confinamiento de lo que los habían visto durante todo el año anterior.

Lógicamente, ese tipo de planteamientos supone que el trabajador deja de disponer de un espacio asignado en exclusiva en la oficina, y que en su lugar, esos espacios pasan a plantearse como sitios en los que apetece estar, espacios agradables más centrados en la socialización y el intercambio de ideas, determinados tipos de reuniones cómodas, o zonas en las que sentarse con alguien un rato para trabajar o intercambiar ideas. A ello ayuda no solo la tendencia de la tecnología a hacerse cada vez más ligera portátil – cada vez son menos las compañías que optan por ordenadores de sobremesa para sus trabajadores – sin también metodologías de trabajo como el design thinking, que pueden llevarse a cabo en espacios distintos de la sala de reuniones tradicional.

De una u otra manera, todas estas tendencias apuntan a un replanteamiento de las oficinas tal y como las conocemos: drástica reducción de la superficie total, espacios abiertos sin asignación y con una orientación completamente diferente a la que teníamos antes, y zonas funcionales para pasar períodos mucho más cortos en lugar de jornadas de ocho horas. En la práctica, una auténtica revolución asentada sobre metodologías directivas basadas en la confianza, en lugar de en las antiguas nociones de control y autoridad.

Quienes no quieran verlo y simplemente pretendan volver a las mismas oficinas y metodologías de trabajo que tenían antes de que todo esto empezase hace tan solo unos meses, como si nada hubiera pasado, que lo hagan a su propio riesgo.



Enrique Dans
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