Regreso al (sucio) futuro

IMAGE: ESA/EEB/James Poetzscher

El final de las medidas de confinamiento en China nos devuelve a la sucia realidad: el enorme descenso en los niveles de contaminación que los satélites detectaron asociado a la pandemia ha revertido en muy poco tiempo, en cuestión de un par de semanas. Si alguien esperaba que el ser humano fuese capaz de aprender algo de una experiencia tan traumática como la que estamos viviendo para introducir un replanteamiento de su actividad y de su relación con el planeta en el que habita, era simplemente un iluso.

Pensar que la crisis del coronavirus nos llevaría a darnos cuenta de lo mucho que podíamos hacer para atajar un problema mucho mayor como la emergencia climática era algo que solo podía plantear quien no entendiese la brutal magnitud de la estupidez humana. No, nunca trataremos la emergencia climática con la misma decisión y escala que utilizamos para protegernos del maldito virus. La crisis del coronavirus no era nada bueno para el clima: de hecho, era una noticia espantosa, por lo que conlleva de cambios en las prioridades de asignación.

Somos la rana en la olla: una amenaza brusca nos hace saltar, pero unos niveles de contaminación que se cobran cada año más del triple de los muertos por coronavirus pero que nos matan lentamente, que degradan nuestros cerebros o que incluso nos hace más vulnerables a morir por coronavirus no nos provocan ningún tipo de reacción. Seguimos sin ser capaces de entender la emergencia climática, y peor aún, seguimos creyendo estúpidamente que se trata de una cuestión discutible, que nuestra opinión tiene algún tipo de valor. No, no es una cuestión de opiniones: está pasando, y nos queda únicamente un plazo de cinco años para poder plantearnos hacer algo que de verdad tenga algún efecto.

Pensar que el coronavirus va a cobrarse como víctima a la industria del petróleo es otra soberana estupidez. Que los precios del crudo sean negativos no es algo que debamos celebrar, sino todo lo contrario, porque dificulta todavía más la transición a energías limpias. El futuro de la industria del petróleo, el genuino criminal en la historia de la humanidad, puede ser tan negro como su producto principal, pero no le van a faltar bancos que sigan invirtiendo para su mantenimiento. La única opción sería nacionalizarla y cerrarla de manera controlada por el bien de todos, pero sabemos que eso no va a ocurrir. Algunos pueden sentirse más inclinados a adquirir un vehículo eléctrico al ver el efecto que tiene el que dejemos temporalmente de circular en las ciudades, pero es una transición demasiado lenta y voluntarista.

Si pensaste que la crisis del coronavirus podría representar la oportunidad para hacer las cosas de otra manera, puedes ir perdiendo la esperanza. La idea de que los planes de rescate tuviesen en cuenta la cuestión medioambiental se ha convertido en una ilusión óptica utilizada por los mismos sinvergüenzas de siempre para reflotar algunas de las industrias más contaminantes.

Por alguna razón, seguimos pensando que el coronavirus es una crisis, pero que la emergencia climática no lo es. Mañana 22 es el Día de la Tierra, y volveremos a oír las mismas declaraciones de buenas intenciones de todos los años. En cinco años, posiblemente en menos, volveremos desgraciadamente a hablar de crisis. Y en esa no nos salvará simplemente el meternos en casa.



Enrique Dans
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