Redefiniendo el puesto de trabajo

IMAGE: Jiri Matejicek (CC BY SA)

La multinacional tecnológica japonesa Fujitsu, con una plantilla de más de 80,000 personas en Japón, anuncia un programa, «Work Life Shift», que ofrecerá a sus trabajadores en el país horarios flexibles y trabajo desde casa como primera opción siempre que sea posible. Además, reducirá su espacio de oficinas a la mitad, como adaptación a la nueva normalidad surgida tras la pandemia.

La intención de Fujitsu con el movimiento es «diseñar una nueva forma de trabajo que posibilite una experiencia más productiva y creativa para los empleados, que impulse la innovación y que brinde un nuevo valor a sus clientes y a la sociedad». Al principio, se planteará como opción, ofreciendo a quienes expresen el deseo de seguir trabajando desde la oficina la posibilidad de hacerlo. Sin embargo, se espera que, al considerar los ahorros en tiempo de desplazamiento, en comodidad o en productividad, se vayan minimizando los contras de la nueva filosofía de trabajo basada en la flexibilidad.

¿Qué consecuencias puede tener que las grandes compañías empiecen a darse cuenta de las ventajas de ofrecer flexibilidad y autonomía a sus trabajadores, tras comprobar durante la pandemia que esa opción no solo era tecnológicamente posible, sino que además, funcionaba razonablemente bien? Si podemos trabajar razonablemente bien en modo emergencia y cuando nada en nuestra forma de hacerlo ha sido rediseñado o readaptado convenientemente, ¿qué no podremos hacer cuando abandonemos la obsesión por las metodologías síncronas y las reuniones inacabables, y desarrollemos metodologías que maximicen el rendimiento de lo asíncrono? Dar el paso de convertir a tu compañía en remote-first, que el trabajar en remoto sea siempre interpretado como la primera opción y la más razonable, implica una transición hacia una realidad que muchas compañías ya viven, y que puede generar muchas ventajas: desde la atracción y retención de talento, hasta niveles de satisfacción mucho más elevados.

La primera consecuencia está clara, y tendrá que ver con la readaptación del espacio de oficinas. No me gustaría estar involucrado en el mercado inmobiliario en el centro de las ciudades, porque es muy posible que surjan importantes excedentes de suelo para usos corporativos. La segunda, seguramente, tendrá que ver con el tráfico: que ochenta mil personas pasen a trabajar como primera opción en sus casas o en cualquier otro sitio, y no sujetas a unos horarios específicos y delimitados sino con flexibilidad es algo que, sin duda, tendrá un efecto sobre los desplazamientos en las ciudades.

Fujitsu no es la primera compañía que anuncia este tipo de cambios: otras tecnológicas lo han hecho anteriormente ofreciendo a sus empleados seguir en remoto durante el resto del año y, en algunos casos, poder seguir haciéndolo a partir de ahí si lo desean. Pero aunque Fujitsu no sea la primera, estoy segurísimo de que no será la última: en poco tiempo veremos a muchas más compañías apuntarse a una idea cuya propuesta de valor tiene muchísimas derivadas y en muchas direcciones. La pandemia nos ha enseñado que el puesto de trabajo no está en una oficina, en una mesa o en un despacho en el que pone nuestro nombre en una placa: está donde nosotros queremos que esté. En no mucho tiempo, la idea de acudir a una oficina de 9 a 5 se habrá convertido en una imagen obsoleta, en un trasnochado recuerdo de una forma de trabajar que perdió la mayor parte de su sentido cuando nos dimos cuenta de que la tecnología nos permitía hacerlo mucho mejor.



Enrique Dans
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