¿Qué es o no esencial durante un confinamiento?

IMAGE: Mohamed Hassan - PxHere (CC0)

Un juzgado de Nanterre, en Francia, ordena que Amazon limite sus envíos durante las próximas semanas a lo que considera productos esenciales, definidos exclusivamente como comestibles, productos de higiene o de salud, y amenaza a la compañía con una multa de un millón de euros al día.

El caso tiene origen en la demanda de un sindicato que afirmaba que la compañía estaba poniendo en peligro la salud de sus empleados, un extremo que Amazon niega, pero que varios empleados en Estados Unidos, que en algunos casos han sido despedidos por la compañía, han denunciado de manera recurrente. Algunos empleados de almacenes en varios países han dado positivo en COVID-19, e incluso uno ha fallecido, aunque la empresa achaca el contagio a actividades llevadas a cabo fuera de su jornada laboral.

Indudablemente, toda compañía debe asegurar la protección de sus empleados si pretende mantener su actividad. En el caso de Amazon, hablamos de una empresa que ha incorporado muchísimas personas a su plantilla para redimensionar su logística en tiempos de confinamiento, que muchos consideran fundamental para poder permanecer en sus casas y minimizar las salidas al supermercado, y que, además, permite que muchas personas mantengan su actividad – y su sueldo, incentivos incluidos – en el contexto de una economía prácticamente paralizada. Obligar a la compañía a asegurar las condiciones laborales de sus trabajadores tiene sentido, y de hecho, la propia compañía tenderá, lógicamente, a hacerlo en su propio interés.

Sin embargo, vincular la protección de los trabajadores con la idea de «vender únicamente productos esenciales» podría ser un gran error. De hecho, Amazon ya ha recurrido esa sentencia, y ha anunciado un cierre temporal de sus diez almacenes en Francia, enviando a 10,000 empleados, entre permanentes (6,500) e interinos, a cobrar parcialmente de las arcas del estado. En la práctica, la compañía ya llevaba tiempo trabajando no para incrementar sino para disminuir sus ventas, cancelando o anunciando la cancelación de promociones como las del día del padre o de la madre, priorizando la logística de algunos productos, o reduciendo sus recomendaciones para evitar compras superfluas.

En ese contexto, conminar judicialmente a la compañía a vender únicamente los productos que un juez considera esenciales provoca que la compañía simplemente cierre sus almacenes, envíe a sus empleados al fondo de regulación temporal de empleo, y perjudique de manera notable a los ciudadanos de todo un país, que ven como el proveedor de comercio electrónico cuantitativamente más importante deja de ofrecer sus servicios. Pretendiendo proteger a unos pocos, algo para lo que podían existir muchos otros métodos y sin duda más eficientes, se termina perjudicando claramente a la totalidad de los ciudadanos.

¿Qué es un producto esencial? ¿De verdad debemos afrontar un durísimo confinamiento de más de un mes como un período en el que solo podremos adquirir productos alimenticios, de higiene o de salud? ¿Y si se me rompe el tostador del pan? ¿Y si quiero comprar un juego de mesa para entretenerme? ¿Y si se me estropean el ordenador o el smartphone? ¿Me dejará el señor juez pedir una bombilla para sustituir la que se ha fundido en el salón, o como no es de comer, ni de limpiar, ni de curar, tengo que quedarme a oscuras? La condición de esencial de un producto depende de muchas cosas, y muchas de ellas muy relativas.

La idea de «decretar» lo que son o no productos esenciales es simplemente absurda. Si se permite el comercio electrónico, y a nadie en su sano juicio se le ocurre que no sea así, deberemos obviamente y en primer lugar preocuparnos por la salud de los trabajadores que se dedican a hacer que funcione y asegurar que sus compañías los protegen. Pero una vez que esto se haya podido asegurar, ir más allá es entrar en un terreno peligroso. Un trabajador de logística no corre un riesgo desmesurado por hacer su trabajo: va en su vehículo generalmente solo, puede repartir manteniendo una distancia, y puede mantener esa misma distancia en su interacción en el almacén, si se toman unas ciertas precauciones. Se me ocurren muchas otras actividades en las que el riesgo de contagio es mucho mayor.

Pero más allá de la – sin duda importante – seguridad de los trabajadores, hay un enfoque adicional: el de los ciudadanos. Cuando lo que se plantean son períodos de confinamiento extremadamente largos, debemos intentar que esos ciudadanos, dentro de las penosas circunstancias que atraviesan, perciban la situación como algo «normal dada la situación de pandemia», pero no como una especie de condena que deben pasar en total frugalidad y en la que un juez decreta lo que pueden o no pueden comprar. Lo único que es esencial durante un confinamiento es que las personas puedan permanecer en sus casas el mayor tiempo posible, y que puedan soportarlo sin dañar su salud mental.

Que una compañía de comercio electrónico priorice unos productos sobre otros con el fin de asegurar que el suministro de lo esencial no se vea perjudicado puede entrar dentro de lo razonable, y la compañía lo hará o no en función de los recursos que tenga disponibles. Que sea un juez quien pretenda regularlo, como podemos ver con el ejemplo francés, solo complica la cuestión, y puede terminar agravando sensiblemente el problema.



Enrique Dans
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