Prohibir el tráfico de datos y la publicidad individualizada

IMAGES: Pixabay (CC0)

Un interesante artículo largo en Wired, «Why don’t we just ban targeted advertising?«, propone exactamente lo que enuncia su título: prohibir el uso de información personal para hacer publicidad individualizada.

Una solución sin duda radical, pero que podría tener mucho sentido si pensamos en atacar el problema desde su base: la propuesta no impediría el modelo de negocio de las redes sociales, que podrían seguir vendiendo el acceso a su tráfico para hacer publicidad no segmentada, o la capacidad de compañías como Netflix o Amazon para recomendarnos sus productos en función de nuestras compras anteriores, pero sí prohibiría la venta de nuestros datos a terceros para que nos siguiesen con su publicidad.

Acabar con el tráfico de datos personales podría solucionar de un plumazo muchas de las cosas que hoy consideramos nocivas en internet: la sensación persecutoria que emerge tras una sesión en internet en la que los anuncios de hoteles en Roma parecen estar en todas partes, la paranoia de quienes creen que sus dispositivos les escuchan cuando hablan de su perro y les ofrecen anuncios de comida para perros, la posibilidad de manipulación electoral o de otros tipos, o la locura de que intentar acceder a los contenidos de una página implique tener que descargarse muchos más bits en forma de cookies destinadas a caracterizarnos y a espiarnos que los que ocupa el propio contenido.

¿Tiene sentido que la información sobre mis intereses, las temáticas de las noticias que leo, las cosas que digo que me gustan o los contenidos de lo que escribo sean automáticamente recopiladas por un ejército de buitres que intentan utilizarlas para mejorar la probabilidad de que haga clic en un anuncio? Más aún, ¿tiene sentido si, además, como prueban la gran mayoría de los estudios, lo hacen rematadamente mal y el resultado termina siendo más una molestia que un beneficio? Hablamos, seguramente, del ecosistema más inflacionado y mentiroso de toda la web: el que lleva a muchas compañías a «hacerse trampas al solitario» comprando tráfico a plataformas como Facebook o Google, a otras a intentar segmentar desesperadamente y terminar dándose cuenta de que en realidad, la segmentación no aportaba nada, o en general, a normalizar cosas que jamás debieron ser consideradas como normales.

La idea va más allá de prohibir unas cookies que, después de todo, se inventaron con un motivo que sigue teniendo validez, el de posibilitar la preservación de información entre sesiones de navegación y cuyo uso, en cualquier caso, los propios navegadores empiezan a impedir. Se trata, simplemente, de ilegalizar completamente que una compañía venda datos o acceso a datos de sus usuarios a ningún tercero, sea una agencia, una empresa de adtech o una institución gubernamental. Lisa y llanamente, ilegalizar el tráfico de datos personales.

Como experimento, la publicidad segmentada o personalizada ha sido extremadamente nocivo. Ha posibilitado todo tipo de excesos, incluido el que políticos sin escrúpulos la utilizasen para tratar de manipular el estado de ánimo de los que consideraba sus potenciales electores. Es claramente responsable de toda la basura superflua que llena nuestro ancho de banda y de la que podemos ser perfectamente conscientes cuando nos instalamos Ghostery, Blur y otras herramientas similares. Pero además, ha hecho todo eso sin que siquiera esté claro que semejante maquinaria sirva para nada: la industria vendió a los anunciantes que sus anuncios serían más efectivos, y a los usuarios que verían menos anuncios irrelevantes, pero la gran verdad es que ni ha servido para vender más, ni mucho menos para proporcionar una experiencia mejor a los usuarios. En realidad, solo ha servido para una cosa: para llenar los bolsillo de los participantes en esa monumental estafa, y para que perdiésemos completamente el control sobre nuestra información personal.

¿Tiene sentido que Grindr comercialice la información de sus usuarios, incluyendo algunos datos médicos, con treinta y cinco empresas con las que mantiene acuerdos? ¿O que al entrar en muchas páginas tengamos que aceptar un acuerdo que incluye la cesión de nuestros datos personales no solo a la compañía propietaria de la página, sino a cincuenta más? ¿Sirve de algo la GDPR si cada uno de esos documentos que se nos presentan y que debemos autorizar para acceder a la información que queremos deberían, en realidad, ser cuidadosamente inspeccionados por un abogado especializado en el tema? ¿No nos hemos preguntado si la relación entre los periódicos y Facebook, en la que los primeros invierten copiosamente en publicidad en la red social para poder presentar así cifras más interesantes a sus propios anunciantes, tiene algún sentido?

En la práctica, nada de esto tiene ningún sentido: todo el ecosistema económico basado en la hiper-segmentación y personalización de la publicidad es una gran mentira, una absurda espiral inflacionaria que, por contra, tiene la capacidad de provocar muchísimo daño, por lo que supone de banalización del tráfico de unos datos que deberían ser simplemente del usuario, sobre los que tendría que tener unos derechos y un control omnímodo. Todo eso – derechos y control – nos ha sido arrebatado en nombre de unos supuestos beneficios que solo algunos convierten en cuantiosas ganancias: muy pocos ganadores, muchísimos perdedores. Cuando las cosas salen así, es mejor volver a lo más básico, y eliminar radicalmente la posibilidad de que algo así siga ocurriendo.

Eliminar el incentivo a ese tráfico, dotar a los usuarios de herramientas de control para que denuncien cuando sospechen que ese tráfico está teniendo lugar, y obligar a todos los que montaron imperios económicos en torno a él a replantearse drásticamente su negocio en base a modelos más aceptables. ¿Es posible? ¿Podría llegar a hacerse en un contexto multinacional? ¿Sería la solución a todos nuestros problemas? No, pero sin duda, podría llegar a tener mucho más sentido que la situación actual.

Como mínimo, vale la pena planteárselo.



Enrique Dans
Enlace: Prohibir el tráfico de datos y la publicidad individualizada

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies