Microsoft Teams: ¿un error, o una actitud?

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Hace unas semanas, Microsoft actualizó su producto para colaboración Microsoft Teams, a la versión 1.3.00.18164. Nada especial: las actualizaciones en este producto han sido bastante habituales, además con un detalle especial: el producto chequea si está actualizado a la última versión cada vez que es arrancado o cada poco tiempo, y lleva a cabo esa actualización de manera automática sin dar opción alguna al usuario.

Sin embargo, en esta ocasión, la actualización traía un «regalito»: por alguna absurda razón, la nueva versión no reconoce cámaras virtuales, y obliga al usuario a utilizar como única opción la cámara que tenga en su equipo. Eso, lógicamente, impide el uso de programas como OBS, Mmhmm, EpocCam Pro u otros que muchos usuarios utilizamos de manera habitual para nuestras reuniones, un problema que afecta, por ejemplo, a todos los que pretendemos extraer un rendimiento superior a nuestras videoconferencias, como profesores que usan rutinariamente combinaciones de imágenes para poder mostrar presentaciones, una pizarra virtual, etc.

Las cámaras virtuales, que permiten definir una aplicación como cámara y acceder a funciones de composición de la imagen avanzadas, como mezclar inputs de varias cámaras, superponer imágenes, etc. son utilizadas de manera habitual por cada vez más usuarios, y sobre todo, por aquellos con un nivel de sofisticación más elevado, que tratan de extraer un rendimiento mayor a sus videoconferencias. Son un elemento fundamental en esa reinvención o evolución de la videoconferencia como género comunicativo que lleva teniendo lugar desde los inicios de la pandemia, y que sin duda, Microsoft no va a detener. Si Teams se convierte en la única opción que no permite utilizar ese tipo de cámaras, la opción es clara: prescindir de su producto siempre que sea posible, y considerarlo claramente una opción inferior a los demás. Por el momento, quien quiera citarme a una reunión virtual, por favor, preferentemente que no lo haga con Microsoft Teams. Sin posibilidad de utilizar cámaras virtuales, Microsoft Teams es, simplemente, una opción inferior a otras.

Además, dadas las «especiales» características del programa y su búsqueda automática de la última versión, pocos trucos funcionan: incluso si utilizas una copia de seguridad – o Time Machine en Mac – para restaurar una versión anterior de la aplicación que esté libre de la limitación, te encuentras con que, al cabo de un rato, la aplicación se actualiza automáticamente sin que el usuario pueda impedirlo, y vuelve a estropear esa funcionalidad. Si lo que Microsoft pretende es recordar a sus usuarios de la manera más desagradable posible que no tienen control sobre lo que tienen instalado en sus ordenadores, lo ha conseguido. La experiencia de uso es tan desagradable como esa: arrancar Teams, y al ir a configurarlo, encontrarte con que los dispositivos que estás acostumbrado a utilizar, simplemente, no aparecen, y la única opción es prescindir de la aplicación de Teams y llevar a cabo la videoconferencia desde el navegador.

¿Qué diablos puede ganar Microsoft impidiendo el uso de cámaras virtuales en Teams y fastidiando de forma intencionada a sus usuarios más sofisticados? De la noche a la mañana, me encuentro con que todas las videoconferencias que me solicitan a través de Teams intento como sea cambiarlas a Zoom, a Google Meet, a Webex o a algún otro sistema, y si por la razón que sea, no puedo hacerlo, me veo obligado a cambiar la configuración del sitio que utilizo en mi casa para ello. Un verdadero sinsentido.

Pero sobre todo, la limitación de una función como esa me recuerda poderosamente los modos de la Microsoft de antes, la de Steve Ballmer, aquella que pretendía redefinir los estándares a su antojo, la que carecía completamente de respeto a sus usuarios, la que se dedicaba a estropear esquemas de compatibilidad consolidados para tratar de favorecer la adopción de sus productos. Básicamente, la que jugaba sucio.

¿Es esta característica de Teams un error no intencionado procedente de una actualización mal hecha, y que va a solucionarse en la siguiente – y esperemos pronta – versión? ¿O, por el contrario, se trata de una limitación permanente, de un intento real de limitar la libertad de los usuarios para utilizar una funcionalidad a la que extraían mucho partido, de estropear algo que funcionaba para limitarlo y convertir Teams en un producto peor, con alguna intencionalidad que aún desconocemos? ¿Se le ha pasado a Microsoft la actitud que trajo Satya Nadella, de convertirse en una compañía que juega a favor del ecosistema, y en su lugar quiere volver a los turbios modos que tenía antes? ¿Es la demostración de que las empresas que confiaron en Microsoft para sus soluciones de comunicación, simplemente, se equivocaron?

La respuesta, en la próxima actualización.



Enrique Dans
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