Microprocesadores y estrategia

IMAGE: Wallpaper Flare (CC0)

Todo indica que Apple planea, en su próxima conferencia para desarrolladores (WWDC) que comienza el próximo 22 de junio, anunciar el abandono de los microprocesadores fabricados por Intel para centrarse en microprocesadores fabricados por ella misma y basados en arquitecturas ARM, como los que ya incorpora en sus iPhone y sus iPad.

¿Qué importancia estratégica tiene este movimiento? Indudablemente, las arquitecturas basadas en ARM están en un momento muy interesante: la compañía británica fue adquirida por la japonesa Softbank en julio de 2016, lo que supuso una importante inyección de liquidez y solvencia, y una puesta en valor de sus propuestas, hasta el momento consideradas casi como una alternativa de bajo coste, pero a las que ya entonces muchos atribuían un enorme potencial. Obviamente, Apple estaba entre las que tenían esa percepción, porque optó por esa arquitectura cuando comenzó a incorporar sus propios microprocesadores en sus smartphones y tablets.

En 2005, en pleno apogeo de Steve Jobs, la compañía anunció que pasaría de utilizar los microprocesadores que utilizaba hasta el momento, los PowerPC creados por la alianza de Apple con IBM y Motorola (AIM), para pasar a incorporar los fabricados por Intel. En su momento, Jobs afirmó que ese movimiento serviría a la compañía para seguir creando los mejores ordenadores personales durante los próximos diez años. De eso han pasado quince. Apple lleva ya suficientes años demostrando su capacidad para diseñar microprocesadores basados en arquitecturas ARM como para dar ahora el salto, abandonar a Intel – a la que adquirió el año pasado su división de modems por mil millones de dólares para poder abandonar los de Qualcomm, con la que mantenía un contencioso que terminó con un acuerdo extrajudicial – y lograr una integración vertical que le permita mantener un control completo sobre sus máquinas.

¿Qué significa ese control para Apple? Obviamente, mucho. De entrada, implica poder tomar decisiones sobre el lanzamiento de nuevas generaciones de dispositivos cuando lo estime oportuno, sin tener que esperar a que Intel ponga a la venta sus microprocesadores, que además, llegarían también al mismo tiempo al resto de sus competidores. En un entorno tan competitivo como el actual, manejar tus propios tiempos puede llegar a ser una ventaja muy importante, y más para una compañía cuyas cuentas dependen tanto del lanzamiento de nuevos productos como Apple: no en vano se ha dicho que el modelo de negocio de Apple es dar a sus clientes una razón para pasar por sus tiendas.

En segundo lugar, significa obtener un control muy superior de la integración de sus componentes, con todo lo que ello conlleva, por ejemplo, para que los desarrolladores puedan diseñar aplicaciones y programas que funcionen del mismo modo en toda su familia de dispositivos.

En tercer lugar, está el importantísimo aspecto del consumo de batería: que Apple fabrique tanto el microprocesador como la conectividad 5G, como ahora podría hacer, le daría una gran oportunidad para poner en el mercado ordenadores con acceso a esas redes, y para optimizarlos de manera que trabajasen adecuadamente con sus microprocesadores. El próximo microprocesador, o más correctamente, System-on-a-Chip (SoC), que Apple incorpore a sus máquinas podría ser el A14, aún no anunciado, que se espera tenga ocho núcleos de alto rendimiento y cuatro núcleos de alta eficiencia, un total de 12 núcleos, que en un iPhone ofrece más de un día completo de vida de batería: ¿cuánto puede ofrecernos en tiempo de uso en un ordenador con capacidad de incorporar una batería mucho más grande? Obviamente, la comparación no es exacta, dado que también tiene que mantener una pantalla mucho más grande, etc., pero es interesante hacer el ejercicio mental de imaginarlo.

Un Mac con microprocesador ARM es, sin duda, una perspectiva muy interesante, con la que Apple puede tratar de gestionar aún mejor el nivel de diferenciación que venden y con el que tratan de justificar sus precios y sus márgenes de beneficios. Para Intel, el anuncio supone una caída de su cotización, y la pérdida de un socio estratégicamente muy importante, así como cierta percepción peligrosa de pérdida de liderazgo. Si Apple consigue una diferenciación importante derivada de este cambio, cabe esperar que otros fabricantes de electrónica de consumo opten por pasarse a arquitecturas ARM, aunque Apple podría mantener una diferenciación derivada del hecho de que la compañía ya diseña sus propios procesadores y núcleos que incorporan conjuntos de instrucciones ARM, pero con desarrollos completamente personalizados.

Al final, un movimiento mucho más relacionado con el control de su propio destino y de su ritmo de lanzamiento de productos que le proporciona la arquitectura ARM, que con una decisión estrictamente técnica, por mucho que el componente técnico no sea insignificante. Y sin duda, lo que sí estamos es ante una decisión de mucho calado, que tendrá muchas implicaciones en el futuro.



Enrique Dans
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