Menos oficinas – y muy diferentes de las que conocemos

IMAGE: Pxfuel (CC0)

Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Replantea tus oficinas» (pdf), y habla de los fuertes cambios que se están viendo en el planteamiento del espacio de oficinas y de la naturaleza del trabajo a raíz de las medidas de confinamiento y distanciamiento social que ha traído la pandemia.

EL trabajo en oficinas, en muchos casos herencia directa de planteamientos de la revolución industrial que exigían que el trabajador tuviese acceso a activos especializados y estuviese bajo una supervision directa, está siendo sustituido cada vez más por acuerdos flexibles que priorizan el trabajo distribuido. Cada vez son más las compañías que anuncian acuerdos de este tipo, así como las que renuncian a renovar el leasing de sus espacios de oficina, una tendencia especialmente significativa en las compañías tecnológicas.

El trabajo distribuido está aquí para quedarse, como afirman trabajos de investigación de universidades como Stanford o el MIT. Una nueva economía basada en la flexibilidad y los acuerdos híbridos, que países como Holanda o Finlandia llevaban ya tiempo practicando y que, a aquellos que tengan los rasgos de personalidad adecuados para ello, les permitirá no solo mejores niveles de comodidad y productividad, sino también ser más innovadores y creativos.

Para lograrlo, es fundamental abandonar el «modo emergencia» bajo el que muchos comenzaron a trabajar al principio de la pandemia, y empezar a desarrollar metodologías basadas no solo en herramientas síncronas, sino también en otras asíncronas. Menos Zoom, Teams o Meet, y más colaboración en documentos compartidos y, sobre todo, mensajería con funcionalidades extendidas como Slack, auténtico ganador del momento en cada vez más compañías. Un uso que precisará del desarrollo de nuevos protocolos, pero que ofrecerá muchísimas ventajas frente a la idea inicial de sustituir unos hábitos generados en el trabajo cara a cara con interminables videoconferencias que nos atan constantemente a la pantalla.

Menos espacio de oficinas o de parking, y sobre todo, diseños centrados en proporcionar servicios a los trabajadores que, eventualmente, decidan acudir a ellas. Más espacios multifuncionales para reuniones, para sentarse a trabajar un rato, para hablar por teléfono con cierta privacidad o para socializar, y menos despachos o mesas asignadas con nombre y apellidos. Invertir en mamparas, en adhesivos para marcar la distancia social y en dispensadores de gel hidroalcohólico puede estar bien, pero hay que hacerlo dentro del marco de unas remodelaciones mucho más ambiciosas que tengan en cuenta que el trabajo flexible y en remoto ya ha dejado de ser coyuntural, y se ha convertido en algo que está aquí para quedarse.



Enrique Dans
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