Los bulos y la absurda ligereza de las dinámicas sociales

IMAGE: WhatsApp and Telegram logos

Sucede de repente: de la noche a la mañana, sin ninguna razón aparente, empiezas a encontrar cada vez más personas que se abren cuenta en Telegram, y te enteras porque la aplicación te notifica de todas aquellas que tienes en tu agenda de contactos. La cuestión podría pasar relativamente desapercibida – según cómo de grande sea tu agenda de contactos – pero al día siguiente, el fenómeno se intensifica. Y al siguiente. Hablamos de España, uno de los primeros países del mundo en los que la popularidad de WhatsApp se elevó hasta niveles de uso generalizado: si bien el país no es cuantitativamente tan importante como India o Brasil, cualquiera que viva en él lo sabe perfectamente: con un 83.1% de penetración de mercado, toda la comunicación interpersonal se mueve en WhatsApp.

En ese momento, a poco que hagas un mínimo de investigación, te encuentras con las razones para esa súbita popularidad de una aplicación que lleva más de seis años en el mercado: resulta que WhatsApp ha tomado la decisión de, para controlar la difusión excesiva de bulos y noticias falsas en su red, limitar a nivel mundial el número de reenvíos que un usuario puede hacer de un mensaje. Y en un interesante giro argumental, surge precisamente otro bulo más, que afirma que esa decisión de la compañía se debe no a una decisión global y corporativa de Facebook, propietaria de WhatsApp, sino a supuestas presiones del gobierno español. Una noticia completamente falsa, sin ningún sentido ni viso de realidad, que se desmonta rápidamente con dos búsquedas – si no fuera porque los que difunden ese tipo de bulos, precisamente, son los que no se molestan en hacer dos simples búsquedas para comprobar que lo que reenvían es basura sin fundamento.

En otra vuelta de tuerca más, un periodista irresponsable vincula esa supuesta «censura» de WhatsApp con dos organizaciones de verificación y fact-checking, e implica que los usuarios no están pudiendo ser reenviados porque así lo deciden, supuestamente, esas dos organizaciones, atribuyéndoles la capacidad de verificar todos los mensajes de los usuarios. Es decir, que alguien se inventa que dos compañías dedicadas a la verificación de datos pueden leer todo lo que enviamos y decidir si puede ser reenviado o no… ¡y personas supuestamente inteligentes van, y se lo creen!!! De hecho, la difusión del bulo llega a tal punto que obliga a Facebook a redactar un comunicado al respecto, y al propio periódico para el que trabaja el periodista que lo inició a publicar un artículo desmintiéndolo.

No hay absolutamente NADA de verdad en toda esa disparatada historia. Cuando Facebook decide limitar el reenvío de mensajes en WhatsApp, lo hace a nivel mundial, no presionada por ningún gobierno, y no tiene ni idea de si lo que está limitando en cada caso es un bulo o un vídeo de gatitos. Simplemente, limita el número de reenvíos, eso es todo. Querer ver en ello algún tipo de conspiranoia es tan estúpido e ignorante como creer que ellos rastros que los aviones dejan en el cielo son gases con los que se controla a la población.

De una manera u otra, ahora nos encontramos con un cierto número de personas que abandonan WhatsApp para buscar absurdamente un sitio donde, según ellos, «poder hablar sin que el gobierno los censure». Muchos de ellos acaban en Telegram, un servicio que a mí personalmente me gusta mucho mas que WhatsApp, y que pertenece a Pavel Durov, un ruso con una complicada y historia detrás de sí, autodefinido como exiliado, que vaga por el mundo con pasaporte de Saint Kitts and Nevis, y que, a pesar de su casi rocambolesca biografía, a mí personalmente me resulta más de fiar en lo que pueda hacer con mi información personal que Facebook. De hecho, llevo muchos años sin utilizar WhatsApp, y en cambio, sí utilizo Telegram habitualmente.

Puedes utilizar la aplicación de mensajería instantánea que te dé la gana – faltaría más. La decisión, seguramente, se deberá al efecto red, es decir, a la cantidad de tus amigos que ya la estén utilizando. Pero lo que no debes hacer es tomar esa decisión porque pienses que en una de esas redes, el gobierno y las empresas verificadoras de información te están espiando o censurando, porque eso sencillamente, no es cierto, y si de verdad lo crees, deberías revisar tus criterios. No es una cuestión de ideologías: es de sentido común. 

Si decides no utilizar WhatsApp, que sea porque no quieres dar más información a Facebook de la que ya le das, porque no te guste la compañía (y hay muchísimas razones para ello) o por lo que sea… pero no porque te has tragado un bulo absurdo. Hay alternativas: puedes usar Telegram, o Signal, o muchas más. Pero desengáñate: el problema no suele estar en la plataforma, sino en los usuarios. Si como usuario, utilizas una herramienta de mensajería instantánea para compartir incesantemente basura sin verificar, bulos malintencionados y mentiras, la herramienta terminará convirtiéndose en un pozo negro repugnante y asqueroso, y en algún momento, tendrá que plantearse limitar esa actividad, no porque se lo diga ningún gobierno, sino por puro sentido común. Que, como toda esta secuencia de acontecimientos demuestra… es claramente el menos común de los sentidos.



Enrique Dans
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