Las interesantes implicaciones de replantear el trabajo presencial

IMAGE: PagDev - Pixabay (CC0)

Twitter notifica a sus empleados, tras dos meses trabajando desde sus casas, de que tendrán la posibilidad de convertir esa forma de trabajo en permanente incluso cuando la situación actual de confinamiento debido a la pandemia termine, con la única excepción lógica de aquellos puestos que precisen de una presencia física.

La compañía del pajarito azul no va a ser la única en esta tesitura: el CEO de la canadiense OpenText, Mark Barrenechea, ha comentado en un artículo en First Company que la experiencia de trabajo desde casa de su compañía durante estos últimos dos meses ha sido tan positiva, que la compañía únicamente reabrirá el 50% de su espacio de oficinas cuando el confinamiento termine.

¿Qué implicaciones debería tener el replanteamiento de las compañías en torno al trabajo presencial? El primero es claro y evidente: cualquier compañía que simplemente pretenda volver a la normalidad una vez termine el confinamiento, que se plantee únicamente un «más de lo mismo», estará perdiendo una gran oportunidad. La vuelta al trabajo hay que plantearla, en realidad, como si fuera un presupuesto de base cero, un nuevo período que empieza y en el que tenemos que pensar qué personas realmente necesitan estar físicamente en su puesto de trabajo y cuáles no, sin ningún condicionante que no sea el de sus preferencias y el trabajo que llevan a cabo.

Las ventajas que plantea este enfoque llevamos ya semanas comprobándolas: reuniones más enfocadas y productivas, trabajo más descansado y mejor administrado (con pausas más frecuentes y mejor conciliación), mayor autonomía y responsabilidad, mayor productividad al descontarse el tiempo dedicado al desplazamiento, y menor necesidad de infraestructuras como espacio de oficina, de parking, etc. Definitivamente, antes de dar la orden de volver a la oficina, las compañías deberían revisar la productividad que han obtenido de sus trabajadores durante el tiempo que han tenido que trabajar desde sus casas: es posible que se encuentren con muchas sorpresas.

Como consecuencia, deberíamos pensar en redefinir el espacio de trabajo en las oficinas: no tiene ningún sentido mantener puestos de trabajo permanentes para personas que van a trabajar la mayoría de los días desde su casa, como tampoco lo tendría simplemente quitarles el espacio y pensar que no van a pasar más por la oficina. El nuevo planteamiento de las oficinas corporativas será el de espacios donde las personas puedan trabajar durante determinados períodos de tiempo, pero fundamentalmente orientados a la comunicación y la socialización, dado que la idea es que el puesto de trabajo habitual será en casa, y lo excepcional sea estar en la oficina.

Esto conllevará también una reasignación de recursos: las compañías pasarán a invertir en ancho de banda para sus empleados, en equipamiento como ordenadores o segundos monitores, en protocolos de seguridad que no interfieran de manera incómoda con la comunicación, o en licencias de programas que posibiliten esa interacción. A cambio, podrán plantearse acceder a un talento menos condicionado por su localización física, y a personas que valoren la flexibilidad que implica un trabajo llevado a cabo en remoto.

Los trabajadores, por su parte, tenderán a replantearse en la medida de lo posible los espacios que destinan al trabajo en sus casas en términos de variables como la infraestructura, la ergonomía y otros factores, así como sus rutinas diarias. La sensación de aislamiento o soledad que muchos han experimentado durante el período de confinamiento se irá relajando a medida que la situación se normalice, y el conjunto de hábitos que hemos ido ensayando en situación de excepcionalidad durante las semanas de confinamiento comenzarán a consolidarse con el tiempo que estaremos en situación de desescalada, que en algunas compañías como Google o Facebook se plantea que dure hasta más allá del final del año.

Según un informe del Banco de España, la proporción de trabajadores que trabajan en España desde sus casas al menos de forma ocasional era de un 8.4% en 2019, por debajo del 13,5% que representa la media de la Unión Europea. Sin embargo, en torno al 30% de todos los empleos en España se podría desarrollar a través del teletrabajo considerando las características de las distintas ocupaciones y su peso en el empleo total, con diferencias marcadas fundamentalmente por el tipo de trabajo y el nivel educativo de los trabajadores.

¿Cuánto cambiará la situación a medida que la pandemia remita y las medidas de confinamiento se relajen? ¿Cuánto podemos ganar en términos de satisfacción, productividad o medio ambiente si el trabajo desde casa se generaliza? En la diferencia entre las compañías que sepan aprovechar el aprendizaje adquirido durante este período y las que no lleguen siquiera a planteárselo puede estar uno de los grandes factores de la competitividad de cara al futuro.



Enrique Dans
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