Las ciudades después de la pandemia

IMAGE: Wien - Bwag (CC BY SA)

Con muchas ciudades en el mundo levantando ya o a punto de levantar su confinamiento, Milán, una de las ciudades más contaminadas de Europa, anuncia un ambicioso plan para reducir el uso del automóvil en su casco urbano mediante la reasignación de unos treinta y cinco kilómetros de vías urbanas para los peatones y las bicicletas, con el fin de proteger a sus ciudadanos tras un período de relativa inactividad que ha conllevado reducciones de la circulación de entre el 30% y el 75%, y las correspondientes caídas en los niveles de contaminación. A nivel general, la pandemia ha dado lugar a la mayor caída de las emisiones de dióxido de carbono de toda la historia.

Un reciente estudio de Harvard vincula de manera concluyente las muertes por COVID-19 con la exposición a niveles elevados de contaminación, algo que en el contexto de una nueva normalidad post-pandemia en la que no disponemos aún de tratamientos de eficiencia demostrada o de vacunas, podría convertirse en un factor fundamental en la evolución de la mortalidad. De ahí que un creciente número de ciudadanos y de alcaldes afirmen que, tras el confinamiento, no quieren volver a la normalidad anterior, y urgen un replanteamiento de la actividad.

La pandemia representa una enorme oportunidad para repensar las ciudades en torno a las personas en lugar de hacerlo pensando en los automóviles. La idea de cerrar calles a los vehículos para que las personas tengan más espacio para caminar o hacer ejercicio es una tendencia cada vez más marcada en las últimas semanas en ciudades como Bogotá, Calgary, Colonia, Denver y otras muchas. El pasado viernes, Oakland anunció el cierre del 10 por ciento de sus calles, unos 120 kilómetros, al tráfico de vehículos. Otras, como Vancouver, han prohibido el paso de automóviles por las calles que atraviesan parques.

La fisonomía de Milán, una ciudad que mide menos de 15 kilómetros de extremo a extremo, en la que el desplazamiento diario medio es de tan solo unos cuatro kilómetros y el que el 55% de sus 1.4 millones de habitantes utilizan habitualmente el transporte público, favorece la apertura de vías para que muchos ciudadanos tomen la decisión de cambiar sus automóviles por otros medios que conlleven más actividad física. En la fase inmediatamente siguiente a la finalización de las medidas de confinamiento, muchos ciudadanos se encontrarán con la recomendación de tratar de evitar temporalmente el transporte público, y darles opciones limpias y diferentes a las del vehículo privado va a resultar fundamental.

Pierfrancesco Maran, concejal de urbanismo de Milán, afirma que «deberíamos aceptar que durante meses o tal vez un año, viviremos en una nueva normalidad, y tenemos que crear buenas condiciones para que todos vivamos esa nueva normalidad. Creo que el próximo mes en Milán, en Italia, en Europa, decidiremos parte de nuestro futuro para la próxima década. Antes, planificábamos para 2030; ahora a la nueva fase la llamamos 2020. En lugar de pensar en el futuro, tenemos que pensar en el presente».

Por su parte, el concejal de movilidad urbana de la ciudad, Marco Granelli, comenta que llevan trabajando durante años para reducir el uso del automóvil porque si todos conducen un automóvil, no hay espacio para las personas, no hay espacio para moverse, y no hay espacio para actividades comerciales fuera de las tiendas, y que por supuesto, quieren reabrir la economía, pero creen que deberían hacerlo de una forma diferente a la anterior.

En Londres, donde los niveles de contaminación en sus enclaves más congestionados han caído más de un 50%, su alcalde, Sadiq Khan, ha afirmado que el aire limpio no debería ser simplemente algo temporal, y que una vez que la emergencia haya pasado, su desafío será erradicar esa polución de manera permanente y consolidar los beneficios que han obtenido mediante el establecimiento de zonas de emisiones ultra bajas (ULEZ), que fueron planificadas durante el mandato de Boris Johnson e introducidas por el propio Khan hace ahora un año.

Además del descenso en la contaminación, la reducción del tráfico durante el confinamiento ha tenido otro efecto colateral: una bajada drástica del número de accidentes. En el caso de California, con descensos de la circulación de entre un 20% y un 55%, las colisiones se han situado en torno a las 450 diarias frente a un nivel habitual en estas fechas de 1,128, lo que ha supuesto un ahorro de mil millones de dólares.

¿Podría la pandemia llevarnos a replanteamientos serios sobre la fisonomía de las ciudades, o preferiremos volver a ciudades que envenenan a sus habitantes?



Enrique Dans
Enlace: Las ciudades después de la pandemia

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies