La vuelta a la normalidad, mi columna en Invertia

IMAGE: Jernej Furman on Flickr (CC-BY)

Retomo mi columna de El Español, esta vez dentro de Invertia y bajo el título genérico de «Después de la pandemia».

Comienzo precisamente con esa idea, con una columna titulada «La vuelta a la normalidad» (pdf), analizando la oportunidad que supone el que, por prácticamente primera vez en la historia de la civilización humana, hayamos sido capaces de detener casi toda nuestra actividad para hacer frente a un problema, en este caso, la expansión de un virus. La pregunta fundamental es clara: si podemos paralizar toda nuestra economía ante una pandemia, ¿por qué no plantearnos hacerlo de manera menos traumática, más planificada y más constructiva para solucionar nuestra crisis más existencial, la emergencia climática?

¿Vamos realmente a volver a la normalidad? La pregunta tiene mucha más trampa de la que parece. Primero, porque todos sabemos que no es así, que durante mucho tiempo, «la normalidad distará mucho de ser normal». Tendremos casos muy distintos, personas con niveles de riesgo muy variados, negocios con problemáticas diferentes… ¿puedo, en una institución como IE University, plantearme volver a meter a cuarenta o cincuenta alumnos en un aula? ¿Qué pasa cuando comiencen a volver mis alumnos de sus países, muchos de los cuales van por detrás de España en cuanto a la fase de expansión de la pandemia? ¿Cuántas pruebas diagnósticas voy a necesitar? ¿Qué va a pasar con los que tengan que seguir las clases, durante un tiempo, desde sus casas? ¿No cabría pensar, más que en un modelo presencial u online, en un modelo líquido, que permita moverse entre los dos medios con total flexibilidad? ¿Cuántos cambios hay que llevar a cabo en una organización para acomodar algo así?

Pero más allá de esa normalidad a la que no volveremos, surge la otra parte de la pregunta: ¿realmente, tras haber tenido la oportunidad de detenernos y resetear nuestra actividad, queremos volver a aquella normalidad que teníamos antes de la pandemia? Los fabricantes tradicionales de automóviles, por ejemplo, solicitan ahora a la Unión Europea una moratoria en la legislación sobre emisiones debida a la crisis del coronavirus… ese tipo de mentalidad, precisamente, es la que tenemos que impedir, que atacar, que rechazar a toda costa! Lo que tenemos que plantear es exactamente lo contrario: ahora que tenemos ciudades con aire limpio por primera vez en mucho tiempo, tratemos de mantenerlo así, no de volver a ensuciarlo inmediatamente (más aún cuando resulta que existe un vínculo evidente entre la exposición a la contaminación ambiental y la mortalidad de la infección por SARS CoV-2).

No, esa no es la «normalidad» a la que queremos volver. Ya que hemos reseteado todo para solucionar la expansión de una pandemia, aprovechemos para atajar problemas que son, además, más importantes, existenciales y que afectan a más personas que esa misma pandemia. Aprovechemos para redefinir mejor aquella normalidad.



Enrique Dans
Enlace: La vuelta a la normalidad, mi columna en Invertia

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