La sombra de Tesla es alargada

IMAGE: Tesla shadow - E. Dans (CC BY)

El análisis de la evolución de Tesla es algo que no deja a nadie indiferente. Hace algunos meses, recuerdo cómo, en un curso de alta dirección de los que imparto habitualmente en IE Business School y que suelen ser, como no podía ser de otra manera, especialmente participativos, mis alumnos se revolucionaron cuando mostré mi visión optimista con respecto a la compañía. ¿La razón? Su profesor de estrategia, en una sesión anterior, se había dedicado a predecir su, según él, inminente quiebra.

Supongo que ese profesor, como le ocurrió al bueno de Bob Lutz en su momento, será incapaz de explicarse que Tesla, el pasado miércoles, anunciase otro trimestre más con resultados positivos. No, no hablamos de ingeniería financiera de ningún tipo: son resultados conformes con los GAAP, que dejan poca maniobra a ese tipo de objeciones. Hablamos de beneficios reales, de dinero contante y sonante, en un trimestre que se corresponde, además, con el vencimiento de los incentivos fiscales federales para clientes de la marca.

Para terminar de contradecir los siniestros vaticinios de aquel profesor (y de tantos otros agoreros), resulta que ese resultado se produjo, además, en un trimestre complicadísimo, el de la pandemia de coronavirus, en el que la economía mundial se detuvo y la compañía se vio obligada a mantener su fábrica de Fremont cerrada durante buena parte del tiempo. Y para hacerlo todavía más «inexplicable», es nada menos que el tercer trimestre rentable consecutivo de Tesla.

Tres meses haciéndose cruces sobre algo que resulta completamente inexplicable para alguien deben ser, seguramente, muy malos para la salud. Pero aún así, no me compadezco en absoluto ni de mi colega del área de Estrategia, ni del resto de agoreros que vaticinaban el fracaso de Tesla. Y no lo hago no porque tenga acciones de la compañía (que no es el caso), ni porque sea propietario de uno de sus vehículos (que sí lo soy), sino porque es evidente que el hecho de que a Tesla le vaya bien y que la marca esté obligando al resto de fabricantes tradicionales a acelerar su transición a los vehículos eléctricos es, sin duda, algo enormemente positivo para todos, porque aquello de que «los vehículos eléctricos contaminaban más» tenía también tan poca base y veracidad como todo lo demás. Lo de Tesla es, decididamente, un drama para sus críticos: por más que se empeñan en buscar argumentos, la compañía sigue desacreditándolos de manera evidente.

Con ya más de un millón de vehículos producidos, Tesla está empeñada en contradecir tozudamente la evolución de la industria del automóvil. La pandemia está suponiendo pérdidas importantísimas para todos los fabricantes tradicionales y para su cadena de suministro: el mes pasado, Ford anunció que agotaría la totalidad de las líneas de crédito que tenía disponibles, $13,400 millones de su línea de crédito corporativo, y $ 2,000 millones más de una línea de crédito complementaria, y tuvo que ver cómo S&P calificaba su deuda como basura . La CEO de GM, Mary Barra ha anunciado medidas de austeridad y ha retirado $16,000 millones de sus líneas de crédito. Volkswagen y otros fabricantes europeos como BMW o Fiat Chrysler se enfrentan a los negros pronósticos de los analistas que afirman que la crisis de la industria se hace más dura debido a los cierres, un impacto todavía más crítico en su cadena de suministro.

La reacción de los fabricantes tradicionales ante esta crisis está siendo, además, la cancelación precisamente de sus proyectos más punteros y el back to basics, a centrarse en una tecnología que cada vez más usuarios ven con reparos y preocupación. Las medidas de confinamiento y los cielos limpios que coinciden con la ausencia de vehículos de combustión interna en circulación hacen que cada vez más usuarios contemplen la posibilidad de adquirir un vehículo eléctrico. ¿Cómo de limpios estarían los cielos de nuestras ciudades si los vehículos eléctricos se adoptasen de manera mayoritaria?

Mientras la industria tradicional sufre, Tesla sigue funcionando como un reloj. Sus acciones, el pasado día 29, llegaron a estar por encima de los $800, su valoración supera los 145,000 millones, y los que consideran eso una anomalía son cada vez menos y menos convencidos, mientras la compañía anuncia que en 2020 cumplirá sus objetivos de entrega de medio millón de vehículos a pesar de la pandemia. El Model 3 sigue batiendo récords, el Model Y parece que podría ir por el mismo camino, y la compañía sigue dotándolos de cada vez más prestaciones, que sus propietarios disfrutan aunque ya hubiesen adquirido sus vehículos hace tiempo. Mientras sus competidores tienen problemas de todos los tipos, Tesla acumula $8,000 millones en reservas de caja, rebaja sus costes de fabricación y aumenta sus márgenes, al tiempo que refuerza su negocio de fabricación e instalación de techos solares y de baterías.

¿Sorpresa? No precisamente. Simplemente, sentido común y una buena estrategia. Que como puede verse en los críticos de la compañía y en los que pretenden hacerse rico comprando sus acciones en corto… es el menos común de los sentidos.



Enrique Dans
Enlace: La sombra de Tesla es alargada

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies