La importancia de actuar con decisión contra la delincuencia en la red

IMAGE: Pxfuel (CC0)

El FBI arresta a Mason Sheppard, Nima Fazeli y Graham Ivan Clark, los tres delincuentes que protagonizaron el incidente de seguridad de Twitter del pasado quince de julio, y que resultan tener 19, 22 y 17 años respectivamente, aunque serán juzgados como adultos. Los tres delincuentes aprovecharon vulnerabilidades generadas por el hecho de que los trabajadores de Twitter están teletrabajando debido a las restricciones y confinamientos impuestos por la pandemia de coronavirus, que han sido posteriormente detalladas y publicadas por el FBI, además de beneficiarse de la ausencia de una buena cultura de seguridad en la compañía.

La detención evidencia un axioma cada vez más claro: la delincuencia es delincuencia aunque se tenga lugar a través de la red, y la red es un entorno en el que los delitos tienden siempre a dejar más pistas y rastros que en los entornos físicos. Durante muchos años, mucha gente ha querido creer que internet proporcionaba una especie de capa de invisibilidad a los delincuentes, ha utilizado las características de una red distribuida para cometer delitos con cierta sensación de impunidad, e incluso, ha visto cómo determinadas acciones eran mitificadas o sus protagonistas convertidos poco menos que en héroes que posteriormente obtenían contratos en compañías como expertos en ciberseguridad. Esa mitificación ha llevado a muchos teenagers ingenuos o directamente imbéciles a creerse realmente algo cuando cometen delitos en la red, y a pensar que pueden hacerlo sin hacer frente a ninguna responsabilidad por ello.

No es así, y no puede ser así. La red es cada vez más y en cada vez más aspectos una parte integrante de nuestras vidas, y un delito en la red debe ser perseguido con el mismo nivel de competencia y con la misma responsabilidad que son perseguidos fuera de la red. Que no empuñes un arma sino un teclado no te exime de responsabilidad, y que presumas de tus hazañas en Discord solo provoca que seas más fácil de encontrar.

Lo mismo ocurre con otro tipo de delincuencia, la organizada por los estados: la Unión Europea impone por primera vez penas derivadas del delito de ciberataque a varios agentes militares rusos, espías chinos y a varias organizaciones, incluyendo una compañía norcoreana. Las sentencias, que comprenden acciones como la prohibición de viajar y la congelación de activos, tratan también de terminar con la sensación de impunidad que disfrutaban ese tipo de agencias, y de normalizar un escenario que amenaza con enrarecerse cada vez más a medida que algunos países tratan de interferir en la política interna o la estabilidad de otros mediante acciones coordinadas a través de la red.

Avanzar en este sentido resulta fundamental de cara a un futuro en el que la red, lógicamente, será el escenario de cada vez más facetas de nuestra actividad cotidiana, desde informarnos o comunicarnos, hasta trabajar o adquirir productos y servicios. La vida cotidiana no puede desarrollarse en una suerte de Far West en el que los delincuentes campan a sus anchas y no pueden, supuestamente, ser perseguidos debido a la existencia de fronteras o de legislaciones nacionales incompletas. Cada vez más, la ley irá desarrollando metodologías cada vez más sofisticadas manteniendo el respeto a la intimidad de quienes no cometemos delitos, la sensación de impunidad irá desapareciendo, e iremos normalizando la red como teatro normal de nuestras actividades cotidianas. O al menos, así debería ser.



Enrique Dans
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