La imperiosa necesidad de acabar con el carbón

IMAGE: Pavlofox - Pixabay (CC0)

El recién publicado informe del think tank británico Ember deja clara la urgencia de acabar urgentemente con el uso del carbón para la generación de energía si queremos tener alguna oportunidad de cumplir con los objetivos marcados en el Acuerdo de París.

El uso del carbón disminuyó en general durante la pandemia, pero no lo hizo lo suficiente debido al fuerte incremento del consumo de energía en China, cuyo fortísimo crecimiento económico y la gran dependencia de su infraestructura de centrales de carbón provoca que el descenso global del consumo únicamente haya alcanzado un mísero 0.8%. Otros países, como Japón, siguen construyendo centrales de carbón y haciendo peligrar el objetivo global, mientras otras potencias del carbón como Australia, Alemania o India comienzan a plantearse objetivos de cierre y transición a renovables que las cifras validan de forma más que justificada. El consumo de carbón en los Estados Unidos lleva en caída libre desde 2019, el año que marcó también el principio del fin del carbón en Europa, lo que implica que incluso industrias pesadas como el acero se pasen a las energías renovables y que mejoren dramáticamente los niveles de polución en algunas zonas.

Europa avanza mucho más rápido de lo esperado: varios países han cerrado ya todas sus minas de carbón; Bélgica, Austria y Suecia han clausurado todas sus centrales, otros se disponen a hacerlo ya, y otros demuestran de manera cada vez más evidente que pueden vivir sin utilizarlas durante largos períodos de tiempo.

Sin embargo, en términos globales, las cifras muestran que seguimos teniendo un problema: el crecimiento explosivo de China e India ha llevado a que, desde el 2000, el mundo haya doblado su capacidad de generación de electricidad mediante carbón hasta los 2,045GW, más otros 200GW en construcción y 300GW en proyecto. Los cierres de plantas en Europa y los Estados Unidos han supuesto 268GW menos por el momento y 213GW más ya planificados, y la cantidad real de energía generada por el carbón se ha estabilizado desde el año 2014, lo que implica que las centrales construidas operan menos horas, y son por tanto menos rentables aún de lo esperado. En total 19 de los 80 países que operan centrales de carbón han puesto ya fecha a su cierre total.

En la práctica, estamos ante una industria que pierde dinero y en la que los grandes fondos de inversión y algunos fondos soberanos se niegan a invertir, pero de la que sin embargo, no parece que seamos capaces de librarnos. La idea de que los países desarrollados quemaron (y siguen quemando) carbón durante años y que, por tanto, los países en vías de desarrollo deben poder seguir haciéndolo es, sencillamente, suicida. En algún momento será preciso actuar por la vía de las sanciones y marginar económicamente a los países que pretendan seguir operando centrales de carbón, si queremos que los objetivos de emisiones se cumplan.

El mundo necesita urgentemente dejar de quemar carbón, el acuerdo entre los científicos al respecto es total, y además, contamos ya con fuentes de energía que no solo son sensiblemente más baratas, sino que además, son compatibles con otros usos productivos del espacio. El carbón es, sencillamente, una tecnología anticuada y nociva a la que hace mucho tiempo que le llegó su retirada. ¿A qué diablos estamos esperando?



Enrique Dans
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