Intentando recuperar la conversación en redes sociales

IMAGE: BBC

Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Normalizando la conversación» (pdf), y está inspirada en un anuncio de la BBC en un hilo de Twitter en el que, a raíz de una investigación sobre las cuentas de mujeres en el deporte, toma la decisión de adoptar una política de intolerancia absoluta contra insultos, descalificaciones y otras manifestaciones del discurso del odio: a partir de ahora, toda cuenta que incurra en ese tipo de comportamiento, será bloqueada de manera inmediata por el medio público británico, y en algunos casos, además, será denunciado a las autoridades competentes.

El caso de las mujeres en el deporte es indudablemente preocupante: en torno a un tercio de ellas reciben de manera habitual insultos de todo tipo a través de sus cuentas de Twitter, o utilizando para ello cuentas de medios que las referencian. Lo peor del tema no es únicamente el hecho en sí, sino que además, ese porcentaje se ha duplicado desde la anterior edición del estudio, llevado a cabo hace cinco años. Una tendencia peligrosísima, la de la normalización del insulto y del discurso del odio en la conversación en redes sociales, que además es evidente que no afecta únicamente a las mujeres en el deporte, sino a todos los ámbitos y públicos.

¿Qué ocurre cuando un medio público como la BBC se propone expulsar de la conversación a aquellos que pretenden normalizar ese tipo de comportamiento? ¿Qué sucede cuando no puedes volver a comentar en un tweet de la BBC salvo que te abras otra cuenta, debido a que tu comportamiento ha demostrado que no eres digno de poder hacerlo? Pero mucho más interesante… ¿qué ocurre si esa política de la BBC se generaliza, y todos aquellos que insultan o adoptan el discurso del odio se encuentran con bloqueos generalizados que les impiden seguir participando en la conversación?

Las políticas erróneas con respecto a la libertad de expresión mantenidas durante demasiado tiempo por algunas redes sociales como Twitter, con su absurda idea de que se podía pertenecer al «free speech wing of the free speech party«, han terminado haciendo mucho daño a la sociedad. Pensar que la libertad de expresión podía reclamarse como un derecho sin límites, que permite que cualquiera pueda insultar, descalificar, amenazar, intimidar, etc. a cualquier otra persona en público sin sufrir ninguna consecuencia por ello es un gravísimo error, que ha provocado esa normalización del hate speech en redes sociales que lleva a que muchas personas opten por no expresarse, por no participar, o por hacerlo únicamente de manera unidireccional.

La ley puede ayudar en los casos más graves y evidentes: amenazas, insultos graves, etc., pero judicializar completamente la conversación no parece una medida adecuada para que esta fluya con soltura. En su lugar, hay que instaurar prácticas sociales de otro tipo, como el uso con mucha más asiduidad del botón de bloquear, esperando que todos aquellos que sean testigos de ese tipo de comportamientos lo secunden, y que los agresores terminen por encontrarse aislados, imposibilitados para seguir utilizando las redes sociales como siniestra terapia para tratar de encauzar su agresividad. Tras ya bastantes años de uso de redes sociales, la sociedad debería adoptar unas pautas de conducta que marcasen lo que es aceptable y lo que no lo es en ellas.

Una tarea para los medios de comunicación, pero también para todos los usuarios, para conseguir unas redes más útiles, más dignas, y a las que poder asomarse sin miedo de recibir una pedrada. Simplemente, algo que nos debemos como sociedad.



Enrique Dans
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