¿Hay alguien ahí?

IMAGE: Kevin Snyman - Pixabay (CC0)

Cada vez más efectos de eso que lleva años llamándose emergencia climática y a lo que demasiados llevan demasiado tiempo haciendo oídos sordos están haciéndose dolorosamente visibles ante nuestros ojos.

California y Oregón arden en llamas, obligan a evacuar a medio millón de personas, y superan la superficie quemada en todo el año anterior, en un fenómeno completamente relacionado con un incremento de la temperatura global provocado por la actividad humana que convierte nuestros bosques y selvas en auténtica yesca. Los cielos de color naranja en una San Francisco con aspecto apocalíptico dejan clara la brutal magnitud de la catástrofe, a escala global o individual.

Pero no solo son California u Oregón: la selva amazónica vuelve a arder más que en años anteriores, el hielo en el estrecho de Bering o en Groenlandia se funde más allá del punto de no retorno en una pérdida que sigue escalando año tras año y que amenaza con provocar inundaciones que generen millones de refugiados climáticos, el Ártico supera los 38º, la temporada de huracanes en el Atlántico parece prepararse para romper todos los récords e inundar y arrasar zonas enteras, la biodiversidad decrece a una velocidad alarmante debido a la acción del hombre, una brutal tormenta destruye ciudades enteras en Iowa, y enormes nubes de mosquitos surgidos de los restos de las inundaciones matan ganado y caballos en Louisiana. Si alguien pretende describir el Apocalipsis, no le van a faltar ejemplos. No, no es alarmismo, no es hacer de Jeremías… es, pura y simplemente, describir la realidad.

Nuestras emisiones de dióxido de carbono están convirtiendo nuestro planeta en una brutal sauna. No importa el informe científico que consultes: los humanos estamos literalmente arrasando el planeta. La emergencia climática generó el año pasado más de quince fenómenos cuyo coste superó los mil millones de dólares, y amenaza con destruir nuestras economías, sobre todo si seguimos votando a políticos que no hacen nada por evitarlo o que incluso contribuyen a agravar el fenómeno.

Hacer algo es fundamental. Y no hablamos de plantearnos buenos propósitos y metas graduales a varias décadas vista, sino de hacer algo ya, drástico, radical, significativo. Medidas que resultarán aparentemente implanteables para muchos, pero que no dejan alternativa alguna: si no cambiamos ahora, ya no tendremos salida viable posible. Necesitamos un brutal giro de timón tecnológico, abandonar las tecnologías que nos trajeron hasta aquí, y relevarlas con otras que no tengan sus funestas consecuencias. La emergencia climática es un problema tecnológico: de hecho, es el mayor reto tecnológico de todos los tiempos. Necesitamos cambiar drásticamente el mapa energético sea al coste que sea, y empezar a medir el impacto real de todas las actividades humanas, sin hacernos trampas al solitario.

Los grados de libertad que un día tuvimos ya han desaparecido. Hay que actuar ya, en todos los sentidos, inmediatamente. Medidas drásticas e inmediatas. Hacer todo lo que podamos a escala individual, y reclamar a nuestros políticos que hagan todo lo que se pueda, aunque nos parezca implanteable, a escala colectiva. Ya no queda tiempo. No hay nada, absolutamente nada más importante ni que requiera más prioridad.

¿Hay alguien ahí?



Enrique Dans
Enlace: ¿Hay alguien ahí?

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies