Facebook, la copia persistente y los límites de la estrategia paraguas

IMAGE: Reels on Instagram

Facebook lanza su clon de TikTok, Reels, en más de cincuenta países, y lo hace además mediante una integración dentro de Instagram, el mismo método que utilizó en su momento en 2016 para destronar a Snapchat en su formato.

La estrategia de copia persistente que Facebook pone en práctica con este segundo intento de clonar TikTok y que los mercados han saludado con una subida del 6% de su cotización es una de las tácticas que la subcomisión antimonopolio del Congreso de los Estados Unidos documentó como potencialmente lesivas para la competencia. En el caso anterior, frente a Snapchat, Facebook llegó a intentar su copia en cuatro ocasiones, hasta finalmente utilizar Instagram como paraguas para sus Stories y lograr su objetivo. En esta ocasión, frente a TikTok, ha tenido menos paciencia, y tras no ser capaz de hacerlo mediante el fallido lanzamiento de Lasso, se lanza directamente por la vía de la integración con Instagram que tan buenos resultados le proporcionó anteriormente.

Estamos precisamente ante el escenario dibujado por los estudiosos de las leyes antimonopolio: un competidor tan poderoso y con recursos tan ilimitados, que ante cualquier iniciativa que pueda plantearse como competencia, no duda en intentar adquirirlo y, en caso de no poder hacerlo, en copiar su mecánica, estética y funcionamiento tantas veces como sea necesario. Con TikTok sufriendo problemas de todos los colores en medio mundo, es normal que otros se lancen a tratar de ocupar con sus clones el hueco que podría dejar en caso de desaparecer del panorama, pero la estrategia de Facebook destaca por no competir precisamente de manera igualitaria, sino tratando de apalancarse en otro producto muy exitoso.

Pero más allá de las posibles consecuencias de la aplicación de la legislación antimonopolio a este tipo de iniciativas, Facebook arriesga algo más con este movimiento: el convertir Instagram en un cajón de sastre con una complejidad cada vez más aparatosa. Lo que en origen fue una deliciosa app para mejorar tus fotografías y publicarlas en muy pocos clics, hoy es un pandemonio de opciones que ofrecen publicar una fotografía, publicar un vídeo, convertirlo en una Story que es mostrada durante 24 horas para después desaparecer o pasar a un segundo plano discreto, encadenar varias de esas para hacer un vídeo más largo, o ahora, hacer un Reels, que ofrece varias posibilidades adicionales copiadas literalmente de TikTok. Una complejidad creciente, que puede desincentivar a cada vez más usuarios que, simplemente, no acaban de sentirse cómodos con tantas opciones.

La estrategia paraguas que supone agrupar funcionalidades en un producto exitoso tiene un límite: aquel en el cual conviertes ese producto en excesivamente complejo e incómodo. Y con Instagram, Facebook podría estar muy cerca de conseguirlo. Si tratas de subir una simple foto y te encuentras con que la app, ahora, te ofrece varias alternativas más, unas más largas, otras más cortas, unas efímeras, otras permanentes y otras mediopensionistas, ya sabes: no eres tú que te hayas vuelto de repente más torpe. Es un problema de saturar el diseño de una app originalmente sencilla y bien planteada, hasta convertirla en un paraguas bajo el que almacenar todo tipo de herramientas copiadas a terceros. Una dinámica que tal vez funcionase una vez, pero cuyo abuso, francamente, no presagia nada bueno.



Enrique Dans
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