Epic frente a las tiendas de apps: un ataque muy bien cronometrado

IMAGE: Epic Games, Inc.

Si algo deja claro el affaire entre Epic Games y las tiendas de apps de Apple y Google es que se trata de una batalla enormemente premeditada y bien cronometrada lanzada por el creador de Fortnite, con la intención de cambiar el actual equilibrio de fuerzas en ese entorno, que consideran contrario a sus intereses.

La película de los hechos es ya bastante conocida: Epic Games, creadores de la plataforma de desarrollo de juegos más exitosa del mercado, Unreal Engine, y de juegos de enorme popularidad como Fortnite, desarrolla un medio de pago directo para que sus usuarios puedan hacer compras en sus juegos saltándose las pasarelas de pago de las tiendas de aplicaciones, lo que les permite evitar las comisiones que Apple y Google facturan por esas operaciones. Además, Epic reduce los precios de sus productos. ¿El problema? Fundamentalmente, que este tipo de medios de pago directos están expresamente prohibidos por las tiendas de apps, y en consecuencia, tanto Apple como Google expulsan automáticamente a Fortnite de su App Store y su Play Market, respectivamente.

Ese movimiento de Apple y Google, completamente provocado y anticipado por Epic, lleva a la compañía a publicar un vídeo, obviamente preparado con antelación, en el que parodia el anuncio emitido en el intermedio de la Super Bowl por Apple en 1984, considerado por algunos el mejor anuncio de la historia:

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Además de esta acción de comunicación, Epic denuncia a Apple y a Google por infracción de la legislación antimonopolio. Con el movimiento, también cuidadosamente preparado con anterioridad y que cuenta con algunos de los abogados más conocidos y prestigiosos en legislación antimonopolio, Epic moviliza a los 350 millones de jugadores de Fortnite en todo el mundo contra Apple y Google con una campaña organizada en torno al hashtag #FREEFORTNITE, y se sitúa en una posición de perjudicada que, además, lucha para cambiar una situación que entiende dañina para todo desarrollador de apps (la compañía no reclama daños económicos ni un mejor tratamiento para sí misma). Epic escoge también muy cuidadosamente el momento para hacer su movimiento: dos semanas después de la comparecencia de los líderes de las grandes tecnológicas ante el Congreso de los Estados Unidos, y con el Departamento de Justicia trabajando a toda máquina en el caso utilizando la amplia base documental recabada. La jugada coincide también con un momento en el que buena parte de la industria tecnológica está indignada por los cambios que Apple planea introducir en iOS 14, y que podrían dañar gravemente los ingresos por publicidad de muchas compañías.

La situación cuenta, además, con algunos precedentes. En 2018, Epic lanzó una ofensiva similar contra la plataforma de juegos Steam, que incluyó el lanzamiento de su propia plataforma, Epic Games Store para Windows y MacOS, con una comisión del 12% en lugar del 30% de Steam. En 2019, Spotify denunció a Apple ante la Unión Europea por cobrar un 30% de comisión mientras competía contra ella en condiciones ventajosas con su Apple Music. Varias situaciones que, sin duda, son susceptibles de influir en las decisiones de los jueces que deben juzgar estos casos, y podrían presagiar un sesgo en favor de Epic.

Si algo parece claro es que, en esta ocasión, resulta poco probable que la situación termine con una simple negociación en torno al precio. Todo parece indicar que lo que Epic pretende es lanzar una ofensiva mucho más trascendente en torno al tema, aprovechando un momento de debilidad de las grandes tecnológicas ante la opinión pública y los legisladores, y que refleja una creencia profunda de su fundador, Tim Sweeney. Obviamente, Apple y Google pretenden defender las políticas de sus tiendas de apps argumentando el posible problema de seguridad para los usuarios que supondría que cada app pudiese montar sus propias pasarelas de pago por su cuenta, dando lugar a un entorno en el que cualquiera, adulto o niño, puede encontrarse haciendo pagos a desarrolladores, en muchos casos con escasas garantías, en función de sus criterios. Pero por otro lado, defender esa seguridad del usuario mientras cobras un tercio de lo que los desarrolladores facturan y eres prácticamente la única alternativa como canal de distribución es algo que, en un ecosistema tan importante como el de la telefonía móvil, va a tener una defensa como mínimo complicada.

Un asunto que, sin duda, no es un juego, y que conviene seguir con atención: seguramente termine por tener bastantes más consecuencias de lo que inicialmente parecía.



Enrique Dans
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