Emergencia climática y prioridades

IMAGE: Goran Horvat - Pixabay (CC0)

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «Cada año será peor» (pdf), y trata de llamar la atención sobre el hecho de que todos los incendios, las inundaciones, los huracanes y demás fenómenos naturales que estamos viviendo no son una casualidad o un producto de la mala suerte, sino una manifestación más de un desequilibrio en el clima causado por la acción del hombre, y que dado que parecemos estar muy lejos de cambiar nuestra forma de vida para poner la sostenibilidad como primera prioridad, cada año que pase, este tipo de fenómenos serán peores, más intensos, se llevarán más vidas por delante, y costarán mucho más dinero.

A estas alturas, como bien dice el gobernador del estado de California, Gavin Newsom, es completamente absurdo seguir discutiendo sobre si la emergencia climática existe o no: quien pretenda no creerlo, no admitirlo, o decir con gesto sobrado eso de «ya se enfriará«, es simplemente un imbécil, un inculto, un irresponsable, o todas esas cosas a la vez. La ciencia está para lo que está, y cuando todos los informes científicos coinciden, es por algo.

Estamos destruyendo nuestro planeta, y ese es el único titular que tendría que estar en todos los medios de comunicación, todos los malditos días. Nuestros grados de libertad y las posibilidades que tenemos de salvarnos están desapareciendo a gran velocidad: pronto, mirar hacia atrás y pensar en lo que teníamos que haber hecho en su momento ya no servirá de nada. Si ni siquiera ver bosques ardiendo, enormes nubes de humo y cielos de color naranja hace que reaccionemos, ¿qué diablos hace falta? Tras muchos años de aviso, el futuro que nos habían descrito ya está aquí, y se llama Piroceno, una era de fuego que va a llevarse por delante ya no solo nuestras economías, sino nuestras vidas.

No solo hablamos de incendios: hablamos de desequilibrios que llevan a determinadas zonas a calentarse más que nunca, mientras en otras el hielo desaparece, y en otras surgen tornados y huracanes cada vez más frecuentes que arrasan o inundan ciudades enteras.

No puede estar más claro: tenemos que construir plantas eólicas y solares como si no hubiera un mañana, y almacenar la energía que producen en baterías o en hidrógeno, además de capturar el exceso de dióxido de carbono. Una reconversión energética brutal, construida en torno a parámetros de sostenibilidad, y que deje al margen cuestiones como la amortización de las instalaciones, la vida útil de las plantas o los puestos de trabajo que generan. Ya no queda tiempo para eso. El tiempo de priorizar la economía ya pasó: ahora, solo queda una prioridad. El resto no cuentan.

El problema no es para nuestros hijos o nuestros nietos, eso era lo que nos decían hace cincuenta años. Ahora, el problema es nuestro.



Enrique Dans
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