El valor de un microchip

IMAGE: ARM microchip (Raimond Spekking / CC BY-SA)

Intel anuncia un retraso de más de un año en su proceso de fabricación de chips de 7nm, algo que permite intuir las razones por las que Apple, recientemente, anunció su abandono de los chips de la compañía norteamericana y su elección de arquitecturas basadas en diseños de ARM.

Los problemas de Intel no son nuevos: no es la primera vez que la compañía anuncia retrasos en sus planes. Sin embargo, en esta ocasión, son más graves de lo que parece, considerando la importancia del proceso de fabricación de 7nm y que competidores como AMD llevan ya meses ofreciendo al mercado chips de 7nm que, de manera consistente, mejoran las prestaciones de los de Intel, algo que ha provocado una fuerte caída del valor de la acción. Para Apple, Intel se había convertido claramente en una apuesta perdedora, y saltar a otro tipo de arquitecturas sobre las que, además, podía tener mayores niveles de control no podía tener más sentido.

Sin embargo, la complejidad del mercado de microchips es aún mayor: ahora, el conglomerado japonés Softbank, que adquirió ARM en julio de 2016 por 32,000 millones de dólares, anuncia que, en medio de una fuerte desinversión para tratar de amortizar las enormes pérdidas de su fondo dedicado a la inversión tecnológica, pretende buscar un comprador para la compañía de diseño de arquitecturas de microprocesadores.

¿Quién podría tener interés en adquirir ARM, una compañía que en 2016 facturaba en torno a los 1,500 millones por la licencia de sus diseños y tecnología a fabricantes de dispositivos, que pagan una pequeña cantidad por cada unidad vendida? En su adquisición, Softbank pagó un múltiplo de 21 veces su facturación, y ahora, lógicamente, la ha ofrecido a Apple, para la que obviamente es ahora muy estratégica. Y sin embargo, la respuesta de Apple ha sido negativa: la marca de la manzana no se dedica a licenciar tecnologías y, además, intentar hacerlo, considerando que muchos de sus hipotéticos clientes serían muchos de sus competidores, podría ponerla en una muy complicada situación de cara a unas autoridades antimonopolio que, de manera creciente, la tienen en su punto de mira en ambos lados del océano.

Todo indica que para Apple, que trabaja fuertemente en el avance de la industria de los microchips y que tiene una fuerte asociación mútuamente ventajosa con la taiwanesa TSMC, una de las dos empresas más destacadas en su fabricación, lo mejor que podría ocurrir con ARM es que se quedase quietecita donde está: Softbank es una compañía relativamente «neutral» en el mercado tecnológico, que no ha interferido con ella, y que se ha limitado a proporcionarle los recursos que necesitaba para funcionar. El único problema, claro está, es que Softbank necesita dinero, y ARM, que en su momento se pagó muy cara, puede valer mucho. Sin embargo, ¿qué ocurriría si quien la adquiriese fuese un competidor de Apple que pudiese, por ejemplo, reorientar su estrategia o sus prioridades de formas que interesasen menos a Cupertino, o que pudiese plantear, por ejemplo, un encarecimiento del precio de sus diseños? ¿Es Nvidia un comprador interesante? ¿Y si la adquiriese Google? ¿O Qualcomm, con la que Apple ya ha tenido problemas?

¿Cómo de estratégica puede ser una compañía que no fabrica nada tangible, que no hace microchips, sino que se limita a diseñar sus arquitecturas, y cómo es que ha logrado un papel tan central y tan complejo en el ecosistema tecnológico? De cara al futuro, además, hablamos de una compañía con un potencial enorme: cada vez más, todos los objetos que nos rodean van a llevar un microchip dentro de la tendencia que se ha dado en llamar la «internet de las cosas«, lo que promete multiplicar por un factor muy importante tanto su importancia como la facturación de la compañía, a base de «muchos poquitos» provenientes de fabricantes de todo tipo de objetos conectados.

Como tal, un entorno fascinante cuyos detalles conviene ir entendiendo. ¿Quién puede poner mejor en valor una compañía como ARM? ¿Y qué importancia tiene hoy ya no un microchip, sino una empresa que diseña su arquitectura?



Enrique Dans
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