El robot peluquero

IMAGE: PublicDomainPictures.net (CC0)

Shane Wighton, el ingeniero con vocación de maker que se hizo viral con su canasta robótica en la que es difícil fallar un tiro, ha construido ahora un robot para que le corte el pelo, con resultados todavía bastante irregulares. No es el primer intento de hacer algo así, pero me llamó la atención porque se suele utilizar el ejemplo del corte de pelo precisamente como actividad de muy compleja automatización. Mi peluquero siempre me comenta que una peluquería es un negocio muy interesante debido fundamentalmente a que el pelo nunca deja de crecer, pero sobre todo, a los reducidos costes de los suministros, al relativamente bajo precio de la mano de obra, y a la dificultad de su automatización. Adiestrar a un peluquero, aunque obviamente requiera su tiempo y dedicación, no es algo especialmente complejo: no hay un problema de escasez de peluqueros, aunque como ocurre en muchas otras profesiones, es posible que sí pueda haberlo de buenos peluqueros.

En cualquier caso, el bueno de Shane no pretendía dejar sin trabajo a los peluqueros del mundo, sino algo mucho más coyuntural: cortarse el pelo sin tener que acercarse a un peluquero, profesión convertida de repente en una actividad arriesgada por la necesidad de la proximidad a sus clientes y la dificultad, en muchos casos, de mantener las medidas de seguridad – sobre todo cuando hablamos de tareas como arreglar una barba.

En su caso, además, quería un corte clásico a tijera, no uno a base de maquinilla como en el resto de ejemplos que he encontrado, y consecuentemente, diseñó todo un sistema de aspiración que por un lado evitaban la caída al suelo de la mayoría de los restos del corte y, por otro, le permitía sujetar el pelo para accionar las tijeras mechón a mechón (de nuevo, con resultados no especialmente alentadores por el momento).

Su intento permite hacer una reflexión más sobre el futuro del trabajo ante la automatización avanzada: la máquina de Shane recurre a la visión computerizada y a varios sensores para saber dónde y cómo cortar, ofrece un menú en el que elegir el estilo del corte, y con los ajustes adecuados y lógicamente más iteraciones, no es difícil imaginarla como alternativa futura para una profesión que tradicionalmente se ha considerado alejada de las posibilidades de la automatización. Por otro lado, la perspectiva de que un robot mueva un objeto cortante en la proximidad de tu cara y tu cabeza no resulta precisamente tranquilizadora, al menos hasta que lo hayas probado ya unas cuantas veces.

¿Qué aspecto pesará más en el futuro? ¿El interés por eliminar el coste del peluquero? ¿La de minimizar la posibilidad de la transmisión de una enfermedad respiratoria? ¿La posible versatilidad, el ajuste más exacto o los cortes más precisos que la máquina pueda proporcionar? ¿O simplemente será una actividad que, como opina mi peluquero de toda la vida, resista a la automatización? ¿Te ves dejándote cortar el pelo por un robot?



Enrique Dans
Enlace: El robot peluquero

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