El desafío de la medicina no es tecnológico: es de control de gestión

IMAGE: Mohamed Hassan - Pixabay (CC0)

Hay muy pocas dudas acerca de que la pandemia de coronavirus está acelerando en gran medida el avance de la telemedicina y de todo lo relacionado con la digitalización del cuidado de la salud: aseguradoras en todo el mundo abren servicios de este tipo para sus usuarios, compañías de servicios de telemedicina tanto en los Estados Unidos como en China consiguen levantar importantes rondas de financiación… claramente, la telemedicina no está dispuesta a desaprovechar una crisis, y apunta a convertirse en una opción de verdadero futuro. Las compañías digitales saben que tienen en ese futuro mucho que decir, y en muchos casos, están ya contribuyendo a ello.

Pero la telemedicina no es la única disciplina tecnológica en esa situación: otras, como la movilidad, el cloud computing, el machine learning y la inteligencia artificial, o el blockchain tienen indudablemente también mucho que aportar a ese futuro. Decididamente, la medicina digital no es ningún tipo de «segunda opción» para nadie, y evoluciona para convertirse en la solución de muchos problemas y en una auténtica revolución.

La cuestión parece clara: la tecnología está aquí, preparada para su uso. Y sin embargo, la medicina sigue evolucionando muy lentamente, hasta el punto de que resulta rara la ocasión en la que nos sorprende por su evolución en ese ámbito. ¿Dónde está el problema?

El problema, en realidad, se llama control de gestión. ¿Qué lleva a que, en numerosísimas ocasiones, tengas que perder el tiempo acudiendo a la consulta de un facultativo que, en realidad, se limita a hablar contigo, prescribirte un par de pruebas diagnósticas y una receta para algún medicamento, y entregarte unos papelitos? ¿No supone eso, además de una pérdida de tiempo para ti, una mucho más importante en términos absolutos para ese profesional de la medicina? ¿No se le cae el alma a los pies a personas con una formación muy especializada y compleja en el funcionamiento del cuerpo humano, cuando ven que pasan sus días mayoritariamente pidiendo analíticas, extendiendo recetas y haciendo otras tareas puramente administrativas que es profundamente ineficiente y estúpido que hagan?

La respuesta es clara: en muchos sistemas de salud, si tú no pasas por la consulta, el médico no cobra. Si no hay un acto médico documentado llamado «consulta», que en la mayoría de los casos es completamente superfluo, absurdo y sin sentido que sea llevada a cabo por un personal tan especializado, el sistema no funciona. Eso lleva a quemar absurdamente horas y horas de tiempo de facultativos con enorme potencial en tareas completamente triviales que podrían ser realizadas de maneras infinitamente más eficientes. ¿Qué impide que, ante un síntoma determinado, enteremos en contacto a través de nuestro smartphone con un asistente, digital o humano que, tras cualificarnos, nos encargue las analíticas correspondientes? ¿Cuántos pasos pueden evitarse mediante la combinación de telemedicina y algoritmia, para conseguir que en la consulta, el facultativo aporte verdadero valor añadido, y no simplemente se dedique a labores administrativas?

Y una vez realizadas esas pruebas, o recetado ese medicamento… ¿pasaría algo si en lugar de tener que firmarnos un arcaico papelito o entregarnos un informe, el resultado o la receta pasasen a estar disponibles en la nube, en una app desde la que puedo consultarlos o enviarlos al especialista correspondiente en un par de clics? ¿Qué lleva a que unos datos de especial protección estén metidos en un simple sobre o en nada menos que un CD-ROM, un soporte completamente en desuso, en lugar de estar en una nube securizada a la que pueda acceder únicamente con la biometría de mi cara o mi huella digital introducidas en mi smartphone o en un lector en la consulta del médico, y en donde estén desde todo mi historial, hasta mi código genético si hace falta?

Y si necesito recetas para rellenar mis prescripciones, ¿por qué diablos tengo que esperar en una sala hasta que nada menos que un médico, un profesional que nunca fue formado para eso, me extienda esas recetas como un mero trámite, en lugar de, por ejemplo, pedírselas a mi asistente doméstico, que verifique que están autorizadas, y que me lleguen a casa cómodamente? ¿No deberíamos reservar el valiosísimo tiempo de médicos formados, especializados y en muchos casos con mucha experiencia, para aquellas interacciones que realmente aporten valor añadido?

El problema actual de la medicina no se llama tecnología: la tecnología está ahí. Se llama control de gestión, management, rigideces introducidas absurdamente en procesos que, aparentemente, nadie intenta cambiar, porque si se cambiasen, no sabrían como evaluarlos. Cada vez que un facultativo especializado pierde miserablemente su tiempo haciendo papeleo, dios mata un gatito. Cada vez que tú como paciente tienes que pasar dos veces por la consulta para rellenar una prescripción que se te ha acabado, o para que te pidan un análisis y unos días después te lo lean, matan a otro. Y a este paso, y a pesar de la renombrada capacidad reproductiva de los felinos domésticos, nos quedaremos sin gatitos antes de que hayamos podido plantearnos una medicina que de verdad funcione, no a costa de procesos patéticamente ineficientes, sino como debería realmente funcionar en plena era digital.

Una identificación inadecuada del problema, creer que el problema es una cuestión de tecnología, nos llevará constantemente a invertir muchísimo dinero en nuevos aparatos y despliegues diseñados… para seguir llevando a cabo los mismos procesos absurdos e ineficientes: seremos, simplemente, más ineficientes y a más velocidad. ¿Podríamos, gracias a las lecciones aprendidas en algo tan traumático como una pandemia, redefinir la medicina y el cuidado de la salud en base a criterios adecuados y modernizados de control de gestión?



Enrique Dans
Enlace: El desafío de la medicina no es tecnológico: es de control de gestión

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