El confinamiento, el trabajo a distancia y la nueva línea de curriculum

IMAGE: The Italian voice on Flickr (CC - BY)

Con medio mundo confinado, empiezan a caber muy pocas dudas sobre una cuestión: los efectos de la pandemia no van a dejarse notar únicamente durante esta fase, sino que se van a proyectar durante mucho tiempo después. Y no me refiero tan solo a la crisis económica, que ya de por sí tiene una magnitud difícil de abarcar y llevará muy posiblemente a toda una serie de nuevos planteamientos económicos, sino a muchos otros detalles de la vida cotidiana y de los entornos corporativos.

Obviamente, el mundo se divide ahora mismo entre los que creen estar esperando a que termine el período de cuarentena para volver a trabajar como antes, y los que, por el contrario, ya se han dado cuenta de que esto es una oportunidad para non volver a trabajar como antes. La experiencia de trabajar en remoto durante semanas está resultando una tortura para quienes eran devotos del presentismo y del reloj de fichar, y sin embargo, una experiencia muy interesante para los que se dan cuenta de que estamos viviendo  el mayor experimento de trabajo desde casa en toda la historia, y que se ha convertido en la prueba de que un cierto número de puestos en una compañía no solo pueden ser «remotizados» (cada día oigo más ese término) perfectamente, sino incluso, puede hacerse de manera que brinden ventajas tanto a la compañía como al trabajador.

Obviamente, no todos los puestos de trabajo son susceptibles de ser trasladados a remoto, dependiendo fundamentalmente de los activos especializados que utilicen en su desempeño: a nadie escapa que las personas que trabajan en una cadena de montaje u operando una maquinaria determinada dependerán fundamentalmente del nivel de automatización que apliquemos a la tarea que desempeñan, y que, en general, tenderá más a hacer esos puestos redundantes o innecesarios que a permitir que puedan ser desempeñados en remoto.

Sin embargo, un directivo o una persona con funciones administrativas utilizan básicamente un ordenador y un teléfono, y pueden por tanto disponer de lo que necesitan desde prácticamente cualquier sitio, con más o menos nivel de conocimiento, facilidad y estrés. Y esta circunstancia, sin duda, se va a empezar a notar en muchas cuestiones.

Afectará, por ejemplo, a las políticas de reclutamiento: con una cuarentena recién levantada, y desde la posición de una persona a cargo de atraer talento, ¿preferirías llevar a cabo un proceso de selección mediante una entrevista presencial o no arriesgarte y hacer ese proceso en remoto mediante una herramienta de videoconferencia? Y llegados a este punto, ¿te has planteado hasta qué punto está convirtiéndose en una ventaja la soltura y comodidad en el manejo de esas herramientas? ¿Quién va a ser más fácil que haga un mejor papel durante el proceso de selección? ¿Alguien con poca experiencia, que mira constantemente a su imagen en una esquina en lugar de mirar a la lucecita verde de la cámara, o que se lía si intenta compartir su pantalla o escribir algo en el chat, o alguien que lleve tiempo utilizando esas herramientas y lo haga con plena familiaridad y soltura? ¿Quién es más fácil que te cause una buena impresión?

Las herramientas de videoconferencia o las de coordinación en remoto son como cualquier otra de las que utilizamos hoy en día: parecen muy sencillas, pero usarlas bien, evidenciar soltura en su uso y, sobre todo, utilizarlas de manera productiva no lo es tanto. Slack «se parece» a un WhatsApp, pero cualquier que lo utilice regularmente entiende que no es lo mismo, y que extraerle partido no es tan sencillo. Si hablamos de herramientas de coordinación o gestión de proyectos, como Asana, Trello u otras, más aún.

De ahí que me parezca posible que empecemos a ver, como línea de currículum, referencias a la capacidad o a la experiencia trabajando en remoto, en esa sección donde hace muchos años se solía poner aquello de «Uso de informática a nivel de usuario» o «manejo de herramientas de ofimática». Si te encuentras un currículum en el que aparezca una línea que dice «experiencia en el uso de Slack, Zoom, Teams, Webex, GoToWebinar, Skype y Chime», que no te extrañe: es, simplemente, un ejemplo de adaptación al contexto.

¿Están las empresas inteligentes aprovechando la crisis del coronavirus para reflexionar sobre las cosas que pueden hacer en remoto, o para desarrollar metodologías y protocolos adecuados para llevarlas a cabo? ¿Están los trabajadores preparándose para un escenario en el que la experiencia real en el uso de este tipo de herramientas pueden llegar a representar un activo valioso? ¿Estamos las universidades preparándolos para ello? Ahora que estamos en casa confinados, no me parece un mal elemento de reflexión.



Enrique Dans
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