El chipaggedon: sus causas y sus consecuencias

IMAGE: MasterTux - Pixabay (CC0)

Seguramente te hayas encontrado ya con alguna noticia que habla de la escasez global de chips y que la hace responsable de problemas en la producción de todo tipo de productos, desde smartphones y otros productos de electrónica de consumo, hasta automóviles.

El llamado chipaggedon es, en realidad, el resultado de una conjunción de eventos: por un lado, como no podía ser de otra manera, la pandemia: los confinamientos que países como China aplicaron en su momento provocaron el cierre de todas sus fábricas, entre ellas, las de semiconductores, en un momento en el que, además, la demanda de productos de electrónica de consumo se disparó.

Con las fábricas de semiconductores paradas, nos encontramos con otro fenómeno: durante el confinamiento, muchos usuarios se dieron cuenta de la necesidad de modernizar sus infraestructuras domésticas, desde sus ordenadores a sus routers, sus webcams, sus tablets y muchos otros dispositivos, así como de la imposibilidad de compartir dispositivos cuando, en el hogar, varios usuarios necesitaban utilizarlos a la vez. La dependencia cada vez mayor de nuestros dispositivos electrónicos para cada vez más tareas, desde trabajo a estudio pasando por entretenimiento, generó un pico de demanda que agotó las reservas en los almacenes de muchos productores.

Por otro lado, no todas las compañías que necesitaban abastecerse de reservas de chips para garantizar el mantenimiento de sus cadenas de producción lograron hacerlo, lo que ha llevado a que algunas, sobre todo las que producen mayor cantidades de unidades y trabajan con cadenas en tiempo real como Ford o Toyota, se vean obligadas a detener sus fábricas y enviar trabajadores a sus casas. Tradicionalmente, las empresas de automóviles no suelen almacenar grandes cantidades de suministros, sino que reciben los componentes que necesitan en modo just-in-time. Otras, como Apple o muchas compañías chinas, hicieron lo contrario: acaparar grandes cantidades de chips previendo dificultades en el suministro, creando tensiones adicionales en el mercado.

Pero además de la pandemia, el chipaggedon está indudablemente provocado también por otro factor: una guerra comercial planteada de manera completamente irresponsable por la administración Trump, que el pasado diciembre, a modo de despedida, puso su mirada, además de en compañías como Huawei y similares como había hecho anteriormente, en varias docenas de compañías chinas más y también en grandes productores de componentes electrónicos como SMIC, dando lugar a todavía más dificultades para el abastecimiento de sus productos. Sustituir el tipo de componentes que fabrican estas compañías en una cadena de producción de un producto no es sencillo, y requiere un proceso de adaptación y homologación que lleva cierto tiempo, o que incluso podría no ser posible y requerir de un rediseño radical.

En el mundo actual, las cadenas de producción se encuentran, en muchos casos, intensamente globalizadas. Acometer una guerra comercial radical y de manera unilateral es una acción completamente temeraria, que obviamente, Donald Trump llevó a cabo sin un análisis detallado de las posibles consecuencias. La administración Biden, impulsada sobre todo por las demandas de la industria norteamericana, está trabajando en el borrador de una orden ejecutiva que revisa las cadenas de suministro críticas que afectan a la fabricación de las principales compañías del país, fundamentalmente de aquellas que requieren en sus productos elementos como microprocesadores o baterías de alta capacidad.

Se espera que las tensiones en los suministros de semiconductores duren, como mínimo, hasta principios del año que viene, con todo lo que ello conlleva, lo que está provocando el alza de los precios de las acciones de las compañías que los producen y que saben con seguridad que tienen toda su producción vendida durante mucho tiempo. El desenlace no es precisamente una sorpresa: dedicarte a gritar «America first» cuando tus empresas dependen de los productos que se fabrican en otros países a los que pretendes imponer sanciones no parece precisamente la forma más inteligente de gestionar un país. En un mundo globalizado, hay decisiones que no se pueden tomar de manera alegre como si uno fuera el matón del patio de un colegio que puede hacer lo que quiera, cuando quiera, y hay que pensar en las consecuencias de nuestros actos un poquito más.



Enrique Dans
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