¿Cuándo vamos a tener servicios con términos y condiciones razonables?

IMAGE: Nick Youngson CC BY-SA 3.0 Alpha Stock Images

Los recientes escándalos asociados con grandes empresas tecnológicas como Facebook o Google empieza a convertir una pregunta aparentemente sencilla en completamente obligada: ¿por qué razón parece prácticamente imposible contratar un servicio con una compañía sujeto a unos términos de servicio razonables en lo referente a privacidad? ¿Solo plataformas como Apple pueden plantearse poner freno o controlar determinadas prácticas?

Intenta hacer el ejercicio de bucear en los términos y condiciones de prácticamente cualquier servicio que hayas contratado: sí, eso que absolutamente nadie hace y que, de hecho, constituye la mayor mentira de internet, el momento de marcar la casilla de “he leído y entendido los términos de servicio”. En la práctica totalidad de los casos te encontrarás con que la compañía se reserva el derecho a utilizar los datos que genere tu actividad con fines cuyo alcance no puedas llegar a entender, utilizando para ello un lenguaje jurídicamente abierto que permita extender ese uso a prácticamente cualquier cosa. Obviamente, las compañías son ampliamente conscientes de que los datos de sus usuarios son potencialmente un tesoro que puede eventualmente ser explotado para muchas cosas. Pero aún así… ¿realmente todas las compañías venden esos datos o los utilizan para cuestiones siniestras o a las que no daríamos nuestro consentimiento en condiciones normales, si no estuviese oculto en la compleja redacción de unos términos de servicio escritos no en español ni en inglés, sino en “legalés”?

En la práctica, muchas compañías simplemente incluyen ese tipo de cláusulas en modo preventivo, por si en algún momento se les ocurre llegar a cabo una acción de marketing determinada o se encuentran con algún tipo de uso potencial de esos datos que parezca razonablemente seguro, les permita eximir su responsabilidad, y pueda generar algunos ingresos. Eso hace que las posibilidades que tengamos de encontrar servicios en los que de verdad esos términos y condiciones del servicio sean verdaderamente claros y explícitos sean mínimas.

¿Qué datos son esos? El mejor artículo que he leído recientemente al respecto plantea una división en tres capas: los que compartes directamente con el servicio de manera explícita, como tu número de teléfono, tu fecha de nacimiento o los lugares que has visitado; los que se pueden inferir a partir de tu comportamiento cuando utilizas el servicio, como los patrones de uso de aplicaciones, las acciones llevadas a cabo en el servicio o los datos transmitidos; y aquellos que los algoritmos son capaces de deducir, como quiénes son miembros de tu familia, si has perdido a un ser querido o si estás buscando trabajo.

¿Por qué maldita razón tenemos que pensar, en pleno siglo XXI, que todo aquel servicio que contratemos, prácticamente del tipo que sea, pretende explotar todos los datos que le suministremos o generemos para explotarlos de maneras habitualmente poco transparentes y obtener unos beneficios adicionales? ¿No deberíamos tener un nivel de control sobre nuestros datos e incluso ser compensados por cualquier uso razonable que alguien pretenda hacer de ellos? ¿Es realmente tanto pedir? ¿No sería interesante plantear servicios en los que las cosas sean sencillas, claras y directas, sin tener que estar pensando constantemente qué diablos han hecho con tus datos o a quién se los han vendido?

Precisamente eso es lo que puede estar empezando a generar una posible fuente de ventaja competitiva: el planteamiento de servicios con términos y condiciones claras en lo referente a la privacidad. ¿No te resultaría atractivo un servicio si te ofreciese una línea en mayúsculas y negrita en sus términos y condiciones que dijese algo así como “LOS DATOS COMUNICADOS A LA COMPAÑÍA O GENERADOS POR LA ACTIVIDAD DEL USUARIO NO SERÁN JAMÁS Y BAJO NINGÚN CONCEPTO COMERCIALIZADOS A NINGÚN TERCERO“? ¿Cuál es el problema de una cláusula así, redactada en términos perfectamente claros y taxativos? ¿Impediría acaso eso algún tipo de uso razonable, como el que la compañía, por ejemplo, utilizase herramientas de un tercero, como Google Analytics u otro, para monitorizar la actividad en su página web? ¿No deberíamos empezar a ver planteamientos de ese tipo, claros y taxativos, en servicios que pretendan competir con muchos de los que actualmente utilizamos? ¿Existe un mercado para usuarios que se preocupan razonablemente por su privacidad y sus datos? ¿No deberíamos empezar a educar a los usuarios para que fuera así, y pudiésemos empezar a pensar en disfrutar de servicios con términos y condiciones razonables? ¿Cuánto puede llegar a perder una compañía por redactar unos términos y condiciones de ese tipo, y cuánto puede llegar a ganar en atractivo por hacerlo?



Enrique Dans
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