Crece el clima favorable a la regulación de las big tech

IMAGE: Gerd Altmann - Pixabay (CC0)

El clima en todo el mundo con respecto a las grandes compañías tecnológicas parece estar definitivamente cambiando. Hasta el momento, la Unión Europea parecía ser la referencia a nivel mundial en términos de regulación, mientras tanto los Estados Unidos como China mantenían posturas mucho más tolerantes ante el crecimiento desmesurado de sus gigantes tecnológicos. Pero esa impresión de laxitud y lassez faire podría estar ya llegando a su fecha de caducidad: en los Estados Unidos, desde que Joe Biden llegó al poder, parece ser que tanto demócratas como republicanos están de acuerdo en que estas compañías se han vuelto demasiado poderosas y es necesario regularlas (y de hecho, la nueva administración ha ido situando a reconocidos críticos de las big tech en puestos relacionados con ello)

Y ahora, China parece tomar esa misma ruta, y está dispuesta a regular a sus gigantes tecnológicos. Y si la primera pista la dieron con el intento de salida a bolsa de Ant Financial, la compañía financiera de Alibaba, que estaba destinada a ser la mayor de la historia cuando, sin previo aviso, fue obligada a detener el proceso, a emprender una reestructuración y a buscar una salida a su fundador, el hasta entonces intocable Jack Ma, la presión se intensificó con una multa récord de 2,800 millones a Alibaba por abuso de posición dominante por tratar de impedir que sus proveedores vendiesen sus productos en otras plataformas, continuó con otra multa a la compañía de reparto de comida Meituan por razones similares, y prosigue ahora con la llamada a capítulo a Tencent, ByteDance, Baidu, JD,com, Didi y siete compañías fintech más, y con la denuncia a treinta y tres apps por recolectar más datos personales de sus usuarios de los que justificadamente necesitan para llevar a cabo sus actividades.

¿Qué lleva a China a emprender semejante furor regulador cuando, hasta el momento, había mantenido una actitud completamente tolerante ante los excesos de sus compañías tecnológicas? La idea, aparentemente, es preparar a esas compañías para emprender la conquista de otros mercados en los que el clima regulador también se está intensificando. Con esa idea, el gobierno chino ha preparado paquetes legislativos destinados a controlar cuestiones como la legislación antimonopolio o la protección de datos, que tratarían de hacer que el resto del mundo viera con ojos más razonables a las compañías chinas. El problema, sin embargo, podría seguir viniendo de las relaciones de estas compañías con su gobierno, que mantiene su derecho a reclamar de ellas cualquier tipo de dato sin limitación alguna, una de las razonas por las que compañías como Huawei o ByteDance han tenido problemas anteriormente.

Otro posible incentivo sería el de seguir manteniendo un entorno suficientemente innovador: cuando cualquier compañía pequeña con una buena idea y que obtiene una tracción llamativa en el mercado sabe inmediatamente que va a convertirse en objetivo de una adquisición por parte de una big tech, y que en caso de resistirse a ella, va a ser copiada hasta la extenuación por compañías que poseen recursos prácticamente ilimitados para ello, las posibilidades de que surjan nuevos jugadores interesantes y con planes ambiciosos es susceptible de reducirse. En ese sentido, sin embargo, una precaución: el entorno posiblemente más regulado del mundo, la Unión Europea, nunca se ha distinguido por ser particularmente innovador ni por ser capaz de llevar a sus compañías tecnológicas, con escasas excepciones, a la cumbre de la competitividad.

En cualquier caso, todo apunta a que las compañías big tech, hasta el momento muy poco reguladas y que destinaban ingentes cantidades de dinero a acciones de lobbying político, podrían estar viendo como cambian las tornas para ellas, consecuencia de lo espantosamente malas que han sido a la hora de autorregularse. Los tiempos de la expansión ilimitada, de las compras sin limitaciones o, cuando no era posible, la copia directa del modelo de otros competidores, y de los abusos de cuestiones como la privacidad podrían estar acercándose a un momento más duro y de mayor control. Y esto, ocurra en Europa, en los Estados Unidos o en China, es seguramente una muy buena noticia para todos.



Enrique Dans
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