¿Cocinaremos en casa en el futuro?

IMAGE: Pikrepo (CC0)

Cocinar es una actividad enormemente cultural. Y sí, por supuesto, la pregunta del título es completamente retórica: ya sé que nadie nos va a prohibir que cocinemos, que de manera general, se podrá cocinar en el futuro lo que a uno le dé la gana sin temor a que la policía entre en tu casa para impedírtelo con una patada en la puerta, y que la cocina seguirá formando parte de nuestro patrimonio cultural.

Mi pregunta viene precisamente por el lado cultural y de los hábitos, por esa cuestión que hace que percibamos gradientes culturales o de edad: todos los que hemos vivido en otro país o viajado lo suficiente entendemos que, por ejemplo, en España se cocina mucho más en casa que en países como los Estados Unidos, China o México, por citar algunos. También sabemos que nuestras madres, por lo general, cocinaban mucho más en casa que nosotros, que tendemos a mantener un gasto corriente en restaurantes muy superior al que tenían entonces. Para la generación anterior, comer fuera de casa era casi un acontecimiento, mientras para la nuestra, es en muchos casos lo habitual. ¿Pedir comida para que te la lleven a casa? Hace tan solo una generación era algo inaudito: mis padres, por ejemplo, ni se lo plantean, así aparezca de repente una visita sorpresa… sin embargo, en mi generación o en la de mi hija, resulta razonablemente habitual.

Obviamente, hay también un gradiente económico: cocinar en casa suele ser sensiblemente más barato, y en países que han experimentado un crecimiento elevado, como es el caso de España, es normal pensar que esa transición desde el cocinar en casa hasta la comida a domicilio o el restaurante haya tenido lugar de una manera relativamente llamativa en el transcurso de pocas generaciones. También hay, seguramente, una variable relacionada con la salud: se suele considerar que comer en casa permite un control más cercano y detallado de los ingredientes utilizados, y que ello puede posibilitar un modelo de nutrición generalmente más saludable.

Todo esto viene a cuento de las conversaciones de posible adquisición de Grubhub, el líder (con permiso de DoorDash) de los envíos de comida a domicilio en los Estados Unidos, por parte de Uber. La operación no es especialmente inusual o sorprendente: hablamos de dos compañías grandes y cotizadas, Grubhub desde 2014 y con una valoración de unos 5,000 millones de dólares, y Uber, desde 2019 y mucho más grande, con un valor que el mercado estima en unos 57,000 millones. Discusiones sobre el precio aparte, la operación entra dentro de lo normal.

En efecto, que las compañías grandes adquieran otras más pequeñas es relativamente habitual, y más cuando hablamos de un CEO como Dara Khosrowshahi, un verdadero experto en operaciones de M&A y en negociación que en sus años como CEO de Expedia adquirió más de cuarenta compañías. Que las compañías, además, se embarquen en operaciones de adquisición tras un cambio de contexto como una pandemia, que ha llevado a las empresas de envíos a domicilio a enfrentar una demanda inusual y a poder imponer sus condiciones a unos restaurantes que las necesitaban desesperadamente para no quebrar, también podría ser comprensible.

Lo que resulta más interesante pensar, creo, es la visión que una compañía como Uber tiene de lo que será el futuro. Uber Eats, que nació como un simple intento de proporcionar algo más de actividad a los conductores que trabajaban para la compañía, se ha convertido en un elemento muy importante en los planes de crecimiento de la empresa. Con la adquisición de Grubhub, pasaría a conformar un competidor muy grande en el mercado norteamericano, y sería el probable presagio de operaciones similares en otros países, dentro de una industria que ya ha experimentado un cierto nivel de consolidación. Pero sobre todo, indica que Uber tiene en su horizonte un escenario en el que pedir comida a domicilio se convertirá en algo muy habitual, la tendencia hacia el desarrollo de restaurantes sin comedor o ghost restaurants, pensados exclusivamente para el envío a domicilio, crecerá sensiblemente, y por tanto, se cocinará cada vez menos en casa.

¿Hacia dónde vamos? ¿Existe una evolución hacia cocinar cada vez menos en casa y subcontratar tanto esa tarea como su envío a compañías especializadas? ¿Está Uber apostando por una macrotendencia a nivel global, por un fenómeno exclusivamente norteamericano, o simplemente ha visto una oportunidad coyuntural para el crecimiento en un entorno en el que las cosas le han funcionado razonablemente bien? ¿Cocinaremos en casa en el futuro de manera habitual?



Enrique Dans
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