Avanzando en educación online

IMAGE: E. Dans

Ayer di mi primera clase online utilizando una aplicación desarrollada internamente en IE University, WoW Home, con un resultado francamente satisfactorio, muy superior a la metodología que llevaba utilizando sistemáticamente desde que comenzó la pandemia. La WoW Room, que fue presentada en 2016 y sobre la que escribí en su momento, es una localización física con cuarenta y cinco metros cuadrados de pantalla (48 pantallas de 55″ sin bordes, montadas en una configuración en forma de U que cubre 230º), cámaras con seguimiento automático del profesor y 1600W de sonido, que llevamos utilizando ya varios años en nuestra actividad académica regular, integrada en numerosos cursos. Yo la he utilizado en numerosas ocasiones, bien con su planteamiento habitual de interacción con alumnos a distancia, o mediante otras configuraciones.

Pero ante una situación excepcional de confinamiento como la de la actual pandemia, en la que se desaconseja incluso que los profesores se desplacen a la WoW Room o a cualquier otro aula para impartir una sesión, la que ha tomado protagonismo es su hermana pequeña, la llamada WoW in a Box: un desarrollo que, como su contrapartida física, utiliza HTML5 y WebRTC para construir, en la ventana de un navegador, una clase virtual que permite visualizar las ventanas de vídeo en tiempo real del grupo de estudiantes, unidas a la presentación o materiales (vídeos, etc.) que el profesor desee compartir, y a las herramientas (encuestas en tiempo real, pizarra colaborativa, ventana de chat, etc.) que pueda querer utilizar en cada momento.

La WoW in a Box tiene dos versiones: una Studio, con un ordenador equipado con una tarjeta gráfica muy potente y con mucha memoria que puede visualizar un número mayor de alumnos y utilizarse sobre distintas pantallas (alguna de ellas táctil) y otra Home, limitada a un máximo de 37 alumnos en visualización simultánea, pero que podemos utilizar desde casa. En la imagen, aparece la disposición que preparé ayer: en la pantalla de mi laptop aparece en ese momento una parte del videowall, que me muestra a mí en la esquina superior izquierda y a siete alumnos, y la presentación que estoy usando. En cualquier momento, puedes extender el videowall y visualizar a los 42 alumnos que tenía en mi sesión ayer, o bien dedicar la pantalla a otros recursos y que los alumnos que están interviniendo aparezcan visibles a la izquierda de la pantalla. Cuando un alumno habla, se conecta su micrófono, que se silencia cuando no está hablando para evitar que se generen ruidos de fondo.

En un monitor adicional, situé la presentación completa, para saber en qué parte de ella estaba en cada momento y tener una cierta referencia del material que tengo a mi disposición según van surgiendo temas. Una de las características de mis clases es que no suelo utilizar una presentación completamente secuencial, sino una muy grande sobre la que voy «saltando» a medida que la discusión con los alumnos permite sacar unos u otros temas: hablamos de clases completamente interactivas, con alumnos que interrumpen constantemente y a los que el profesor da la oportunidad de intervenir y contribuir al desarrollo de los temas o a exponer sus dudas y preguntas, lo que hace que nunca una sesión sea igual a otra.

Aquí no hay «apuntes» de los que tomar nota para memorizarlos más adelante, ni nada que se le parezca: simplemente, una serie de cuestiones que se pretende que el alumno interiorice y entienda desde una posición permanentemente activa. Pero precisamente por ello, el reto de reconstruir esa interacción permanente en un entorno virtual es aún mayor, porque se basa en una serie de ciclos de retroalimentación: cuando el profesor plantea una pregunta, los alumnos pueden «levantar la mano» haciendo clic en un botón, el profesor puede maximizar el videowall, y ver no solo sus caras en tiempo real, sino también las ideas que quieran plantear a través del chat, así como un indicador coloreado de su ratio de participación durante esa sesión, para tratar así de equilibrar el tiempo de intervención entre distintos participantes.

En el momento de desencadenarse la necesidad de sustituir las clases presenciales por online debido a la crisis por la expansión de la pandemia del coronavirus, la primera reacción de IE University fue recurrir a Adobe Connect: una herramienta de uso muy difundido, que un porcentaje muy elevado de profesores ya habían utilizado o sabían utilizar, y que permite recrear, aunque no sea de una manera completa, un entorno interactivo. De hecho, comenzamos utilizándola de manera parcial, para permitir que los alumnos que quisieran asistir a clase desde su casa por haber estado en contacto con personas afectadas o por haber visitado zonas de riesgo, pudieran hacerlo mientras la clase seguía desarrollándose normalmente en su aula correspondiente.

Tras esa fase, cuando la prudencia recomendó trasladar toda la actividad a la red, pasamos a seguir desarrollando todas las clases, a sus horas correspondientes, a Adobe Connect, con cada sesión teniendo lugar en un aula virtual que se identificaba mediante el nombre del aula física, y que el profesor dirigía desde el aula vacía o, posteriormente, desde su casa.

Ahora, la idea es extender el uso de la WoW in a Box, que ya se utilizaba en algunos cursos, a todos los demás, para facilitar así un nivel de interacción que no sea simplemente un sustitutivo de las clases presenciales, sino una experiencia completa que, además, permita formar al alumno en el uso de entornos virtuales. Posiblemente, en algún momento no muy lejano, los alumnos puedan asistir a esas clases mediante visores de realidad virtual.

Obviamente, para plantear algo así, hace falta mucho más que tecnología. El desarrollo de la WoW es un claro ejemplo, porque se ha trabajado sobre la interacción que un profesor mantiene con una clase presencial, tratando de que ni profesor ni alumnos se encuentren en un contexto extraño cuando esa interacción se traslada a la web.

La sesión de ayer, salvando aspectos que, lógicamente, mejorarán con la práctica, me pareció un buen ejemplo de que, en efecto, esa interacción puede funcionar. Desde la cocina de mi casa, para así poder conectarme por cable al router, pude lanzar unas encuestas en tiempo real que eran el sustitutivo mejorado de una pregunta a mano alzada, ver a los alumnos levantando (figurativamente) sus manos (y pudiendo recordar el orden mucho mejor que en una clase presencial, pero también decidir que íbamos a pasar a otro tema y «bajarles las manos» en un solo clic), y los alumnos pudieron plantear dudas o pedir aclaraciones a través del chat. Un entorno, en resumen, que podríamos calificar incluso de más rico que la propia clase presencial. Al cabo de un cierto número de usos, de hecho, me puedo imaginar en una clase presencial echando de menos algunos de los recursos que tengo en mi clase virtual, y creo que es la primera vez en muchos años de experiencia académica que me planteo algo así.

El potencial que una experiencia como esta puede llegar a tener a medida que se generalice su uso, a la hora, por ejemplo, de introducir formatos ricos como vídeos inmersivos, o invitados en una clase, es inmenso. Decididamente, con situaciones de crisis y confinamiento o sin ellas, es una línea en la que seguiremos viendo – y en nuestro caso, experimentando – una gran actividad.



Enrique Dans
Enlace: Avanzando en educación online

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies