Alemania prohibe la de-identificación

IMAGE: D-ID (https://www.deidentification.co/)

En abril del pasado 2019, después de conocer al israelí Gil Perry en el observatorio de innovación Netexplo, cita a la que acudo todos los años, dediqué un artículo a su compañía, D-ID, dedicada a la de-identificación, un tema que me pareció fascinante.

Básicamente, la idea de la de-identificación es introducir leves modificaciones en una fotografía que resulten imposibles de percibir a simple vista, pero que eviten que pueda ser utilizada para alimentar una base de datos que se utilice en procesos de reconocimiento facial. Dado que el reconocimiento facial se basa en unas cuántas dimensiones que se adquieren a partir de una imagen, lo que los algoritmos de D-ID hacen son cuestiones como separar levemente los ojos o modificar de manera prácticamente imperceptible determinadas formas de la cara, con el fin de que no coincidan con los parámetros de tu cara, evitando así que puedas ser reconocido.

En su momento, la idea me resultó muy interesante como forma de proteger la privacidad de las personas: pensé fundamentalmente en la idea de pasar por los algoritmos de D-ID cada imagen que subes a redes sociales, por ejemplo, podría evitar que se utilizasen para alimentar bases de datos, algo que ya me había ocurrido anteriormente. Ahora, además, acabo de ver otra consecuencia de su uso: el gobierno alemán acaba de anunciar la prohibición específica del uso de ese tipo de tecnologías de morphing en las fotografías utilizadas en documentos de identidad o pasaportes, dado que esas modificaciones podían ser utilizadas para asignar varias identidades a una misma fotografía y que dos personas pudiesen pasar por la frontera a través de los sistemas de verificación automatizados utilizando el mismo documento.

A partir de ahora, las fotografías que los alemanes utilizan en sus pasaportes tendrán que ser tomadas en las propias oficinas de expedición del documento, o en caso de provenir de un fotógrafo, tendrán que ser enviadas digitalmente y a través de una conexión segura para asegurar que no han sido manipuladas.

La posibilidad de utilizar este tipo de tecnologías de de-identificación en un documento oficial como un pasaporte podría resultar atractiva, por ejemplo, cuando se visitan determinados países en los que se hace un uso especialmente agresivo de la tecnología de reconocimiento facial, aunque desconozco qué ocurre cuando en el aeropuerto se pasa por los trámites de inmigración. Obviamente, modificar un documento oficial parece una idea poco recomendable, pero la decisión de Alemania de hacer referencia a ese tipo de tecnologías para prohibirlas específicamente no deja de resultar un tanto distópica, y la prueba de que, efectivamente, su uso podría estar empezando a extenderse.

¿Veremos pronto decisiones similares en otros países?



Enrique Dans
Enlace: Alemania prohibe la de-identificación

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